Contratar una empresa para crear página web suele vivirse como una compra con principio y final. Se elige proveedor, se aprueba un diseño, se publica y se paga la última factura. Lo que casi nadie mira en ese momento es la otra mitad de la operación, la que no aparece en la propuesta. A nombre de quién queda el dominio, quién tiene la contraseña del alojamiento, desde qué cuenta se instaló la analítica y de quién son las licencias que hacen funcionar la web. Mientras la relación va bien, esas preguntas parecen burocracia.
Cuando nos llega una empresa que quiere rehacer su web, la primera reunión rara vez empieza por el diseño. Empieza por una lista de cosas que el cliente no puede tocar. No sabe quién renueva el dominio, la ficha de Google la creó un antiguo proveedor con su propio correo, el formulario envía los mensajes a una dirección que ya nadie lee y nadie en la empresa tiene usuario de administrador. En la mayoría de los casos no hay mala fe. Hay años de pequeñas comodidades acumuladas que, juntas, convierten un cambio de proveedor en un problema serio.
Ese es el riesgo que trata este artículo. No hablamos de elegir proveedor, ni de comparar propuestas, ni de cuánto cuesta una web. Hablamos de cómo contratar para que tu empresa conserve el control de lo que paga, sea cual sea el proveedor y dure lo que dure la relación. La dependencia no se nota el día de la firma. Se nota el día en que quieres cambiar algo, o cambiar de equipo, y descubres que no puedes hacerlo sin pedir permiso a alguien que ya no trabaja para ti.

Lo que viene a continuación es el criterio que recomendamos exigir a cualquier proveedor. Qué activos deben quedar a nombre de tu empresa y cuáles pueden seguir siendo del proveedor, cómo comprobar la titularidad del dominio, qué hacer con el alojamiento, los DNS, el correo y las cuentas de Google, cómo tratar las licencias y los archivos fuente, qué accesos y qué documentación pedir el día de la entrega, las señales de alarma que conviene detectar antes de firmar, cómo se hace un traspaso ordenado y una lista de comprobación para repasarlo todo en una sola tabla.
Por qué tantas empresas acaban atadas a su empresa de desarrollo web
La dependencia de un proveedor web casi nunca se diseña. Se acumula. El dominio lo registró la agencia porque el cliente no tenía tiempo de hacerlo. El alojamiento se contrató en la cuenta del proveedor porque así le salía más barato. La analítica se instaló con el correo del técnico porque había que lanzar la web el viernes. Cada decisión, por separado, tiene sentido. Juntas producen una web que funciona perfectamente y que no pertenece del todo a quien la ha pagado.
Conviene distinguir tres capas de dependencia, porque cada una se resuelve de una forma distinta. La primera es la titularidad, es decir, a nombre de quién están el dominio, las cuentas y las licencias. La segunda es el acceso, quién puede entrar en cada servicio y con qué permisos. La tercera es el conocimiento, quién sabe cómo está construida la web y por qué se tomó cada decisión técnica. Las dos primeras se pueden dejar resueltas el primer día de proyecto. La tercera solo se reduce con documentación escrita y actualizada.
La dependencia que conviene y la que no
No toda dependencia es mala. Si una empresa de desarrollo web conoce tu proyecto, responde rápido y propone mejoras con criterio, depender de ella es una ventaja, igual que lo es depender de un buen asesor fiscal que conoce tu historia. El problema aparece cuando la relación se sostiene porque irse es caro, no porque quedarse compense. La pregunta útil no es si dependes de tu proveedor, sino si podrías dejarlo mañana sin perder nada que sea tuyo y sin tener que reconstruir nada desde cero.
Esa prueba es sencilla de formular y muy reveladora. Imagina que tu proveedor cierra la semana que viene. Si podrías entregar a otro profesional el dominio, el alojamiento, una copia completa de la web y una lista de accesos en un par de días, tu relación es sana aunque dure diez años. Si no sabrías ni por dónde empezar, la dependencia ya existe, aunque nadie la haya buscado de forma consciente y aunque la relación con el proveedor sea excelente en el día a día.
Qué es tuyo y qué puede ser del proveedor al contratar una página web
Antes de hablar de contraseñas conviene ordenar los activos. Al contratar una página web compras varias cosas a la vez y no todas tienen que quedar a tu nombre. Algunas son de tu empresa sin discusión, como el dominio o los datos de tus clientes. Otras pueden seguir siendo del proveedor sin que eso te perjudique, como sus herramientas internas o el código genérico que reutiliza en todos sus proyectos. Y otras son de terceros, como el gestor de contenidos o los plugins, y lo único que se adquiere es una licencia de uso.
| Activo | A nombre de quién debería estar | Qué ocurre si no es tuyo | Cómo comprobarlo |
|---|---|---|---|
| Dominio | Tu empresa, con un correo corporativo que tú controles | No puedes cambiar de proveedor sin su colaboración y te juegas el correo y las posiciones | Consulta pública de titularidad y acceso al panel del registrador |
| Alojamiento | Tu empresa, o el proveedor si se compromete por escrito a entregar copia y facilitar el traslado | La web vive en una cuenta ajena y cualquier conflicto la deja sin servidor | Factura del alojamiento y usuario propio en el panel |
| Zona DNS | La cuenta donde está el dominio o una cuenta de tu empresa | Quien controla los DNS decide adónde apunta la web y adónde llega el correo | Saber en qué servicio se gestionan y tener acceso a él |
| Correo corporativo | Tu empresa, en un servicio contratado por ella | Un cambio de proveedor puede dejar los buzones sin servicio o sin histórico | Panel de administración del correo con tu usuario |
| Search Console, Analytics y Perfil de Empresa | Tu empresa como propietaria y el proveedor como usuario | Pierdes el histórico de datos y el control de tu ficha si el proveedor se va | Ajustes de usuarios y permisos de cada herramienta |
| Licencias de tema y plugins | Tu empresa, o el proveedor si deja escrito el titular y el coste anual | La web se queda sin actualizaciones al terminar la relación | Lista de licencias con titular y fecha de renovación |
| Textos, fotos y logotipos | Tu empresa, con la cesión de derechos por escrito | Puedes quedarte sin permiso para reutilizar tu propio material | Contrato y facturas de cada encargo |
| Herramientas internas del proveedor | El proveedor | Nada, siempre que la web no dependa de ellas para funcionar | Preguntar qué deja de funcionar si se retiran |
La última fila es la que más discusiones evita. Un proveedor tiene derecho a proteger su forma de trabajar, sus librerías y sus plantillas internas, porque son su ventaja frente a otros. Lo que no debería ocurrir es que tu web deje de funcionar si esas herramientas desaparecen. Si la respuesta a la pregunta de qué deja de funcionar si os vais es nada importante, la relación está bien planteada. Si la respuesta es la web entera, estás pagando algo parecido a un alquiler, no una web que sea tuya.
Esta separación también ayuda a leer las propuestas. Cuando tengas varias encima de la mesa, fíjate en si cada empresa explica a nombre de quién quedará cada cosa, porque la mayoría no lo hace si no se le pregunta. Cómo poner varias ofertas en la misma tabla para que se puedan comparar de verdad lo explicamos en el artículo sobre cómo comparar propuestas de diseño web que parecen iguales. Para lo que nos ocupa aquí basta con añadir una columna más, la de la titularidad de cada activo.
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El dominio, el único activo que no se puede rehacer
Todo lo demás se puede reconstruir. Un diseño se rehace, un alojamiento se contrata de nuevo y un texto se reescribe. El dominio no. Es la dirección que figura en tus tarjetas, en tus facturas, en tus vehículos y en tu ficha de Google, la base de todas las direcciones de correo de la empresa y el lugar donde se acumulan años de enlaces y de posiciones en buscadores. Perderlo, o tener que negociar por él, es el escenario más caro de todos los que trata este artículo.
Por eso la primera comprobación es saber a nombre de quién está. Se hace con una consulta whois del dominio, que muestra el registrador con el que se contrató, las fechas de alta y de caducidad y, cuando no están ocultos por privacidad, los datos del titular. Para los dominios .es la consulta pública la ofrece Red.es en su web de dominios. Para los .com y el resto de extensiones genéricas sirve cualquier herramienta de consulta pública, incluida la que tienen casi todos los registradores en su propia web.
Cómo leer el resultado de la consulta
Si aparece tu empresa como titular, el punto principal está resuelto. Si aparece el nombre de tu agencia, de un antiguo empleado o de un familiar que te ayudó a montar la primera web, el dominio no es tuyo aunque lleves años pagándolo. Y si los datos aparecen ocultos, algo cada vez más habitual por motivos de privacidad, la consulta no basta. Entonces hay que entrar en el panel del registrador y ver allí quién figura como titular y qué dirección de correo recibe los avisos del dominio.
Ese correo de contacto es el segundo punto que casi nadie revisa. Los avisos de renovación, las confirmaciones de traspaso y las alertas de caducidad llegan a esa dirección. Si es el buzón personal de alguien que ya no está en la empresa o el correo genérico de la agencia, tu dominio puede caducar sin que nadie se entere a tiempo. Lo recomendable es una dirección corporativa genérica, del tipo administración o sistemas, que no dependa de una persona concreta y que alguien de la empresa lea de verdad.
Renovación, caducidad y forma de pago
El dominio se paga cada año, o por periodos de varios años, y su coste es pequeño, en el entorno de diez a veinte euros anuales en las extensiones más habituales. Precisamente porque es barato, es fácil que el pago quede escondido dentro de la cuota del proveedor. No es grave si la titularidad es tuya. Lo que conviene evitar es que la renovación dependa de una tarjeta ajena, porque un simple cambio de tarjeta en la agencia puede dejar tu dominio sin renovar sin que nadie lo advierta.
Si quieres un único cambio práctico después de leer este apartado, que sea este. Activa la renovación automática con un medio de pago de tu empresa, apunta la fecha de caducidad en el calendario de administración y comprueba una vez al año que el titular sigue siendo el correcto. Son diez minutos al año. En el artículo sobre páginas web baratas y soluciones todo en uno explicamos por qué el dominio es también la primera pregunta cuando la web se monta en una plataforma de suscripción.
Hosting, DNS y correo sin intermediarios que no controlas
El alojamiento admite más flexibilidad que el dominio. Hay proveedores que prefieren alojar todas las webs de sus clientes en su propio servidor porque así controlan la seguridad, las copias y el rendimiento, y es una forma de trabajar legítima. Lo que cambia es lo que debe quedar escrito. Si el alojamiento está a nombre del proveedor, necesitas su compromiso de entregarte una copia completa de archivos y base de datos cuando la pidas, sin condiciones y en un plazo concreto. La fórmula que mejor funciona es que la empresa contrate el alojamiento con sus datos y que el proveedor tenga en él un usuario propio con permisos de gestión.
Migrar WordPress a otro hosting sin depender de nadie
La prueba de que el alojamiento no te ata es poder moverlo. Migrar WordPress a otro hosting es una tarea técnica conocida, que un profesional resuelve con una copia de archivos, un volcado de la base de datos y un cambio de DNS. Se complica cuando la web depende de configuraciones del servidor que nadie documentó, como tareas programadas, versiones concretas de software o reglas de redirección escritas a mano. Por eso esas configuraciones deben figurar en la documentación que recibes el día de la entrega.
Hay un caso distinto que conviene identificar antes de firmar. Algunos proveedores trabajan con constructores o plataformas propias que solo funcionan en sus servidores. En ese caso cambiar de hosting no es posible, porque la web no existe fuera de su sistema y lo único que puedes llevarte es el contenido. No es necesariamente un mal producto, pero cambia la naturaleza de lo que compras. Las implicaciones de cada forma de construir una web las tratamos al hablar de cuándo conviene una web a medida o una plantilla.
Los DNS, el interruptor que casi nadie sabe dónde está
Entre el dominio y el alojamiento hay una pieza que casi nunca aparece en las propuestas, la zona DNS. Es la configuración que dice a qué servidor apunta la web, adónde llega el correo y qué servicios externos están verificados con tu dominio. Puede gestionarse en el registrador, en el alojamiento o en un servicio aparte. Quien tiene acceso a esa zona puede, con un par de cambios, dejar la web o el correo sin servicio, y por eso conviene saber exactamente dónde está y quién entra en ella.
El correo merece una decisión propia. Cuando los buzones van incluidos en el mismo alojamiento que la web, cambiar de proveedor web obliga a migrar también el correo de toda la empresa. Separar los dos servicios, con el correo en una plataforma contratada directamente por ti, reduce mucho el riesgo de cualquier cambio futuro. Si los buzones siguen en el alojamiento, pide acceso al panel de correo y asegúrate de que existe una forma sencilla de exportar los mensajes antes de que haga falta.

Cuentas de Google y medición con tu empresa como propietaria
Las herramientas de Google concentran la memoria de tu web. Search Console guarda el histórico de búsquedas y de indexación, Analytics guarda el comportamiento de las visitas y el Perfil de Empresa reúne las reseñas y la ficha que aparece en Maps. Si esas cuentas se crearon con el correo del proveedor, ese histórico se va con él. Y a diferencia de una web, que se puede rehacer en unas semanas, un histórico de datos perdido no se recupera de ninguna manera.
El principio es el mismo en todas ellas. La empresa crea la cuenta, o figura como propietaria, con un correo corporativo que no dependa de una persona. Después da acceso al proveedor con el nivel de permiso que necesite para su trabajo. Dar acceso a Search Console, a Analytics o a la ficha de empresa es un trámite de pocos minutos en cada herramienta, y retirarlo cuando la relación termina cuesta lo mismo. Lo que no conviene es el camino contrario, tener que pedir acceso a una cuenta que es de otro.
Search Console
Search Console distingue entre propietarios y usuarios. Los propietarios tienen control total y son los únicos que pueden añadir o quitar a otras personas. Los usuarios pueden tener acceso total o restringido, según lo que necesiten consultar. Además hay dos tipos de propietario, el verificado, que ha demostrado la propiedad con un token instalado en la web o en los DNS, y el delegado, al que otro propietario concede ese papel desde la pantalla de usuarios y permisos.
Ese detalle tiene una consecuencia práctica al cambiar de proveedor. Si quitas a un propietario verificado pero su token de verificación sigue en la web o en los DNS, la propia herramienta avisa de que podría recuperar el acceso. Por eso, al cerrar una relación, no basta con retirar el usuario y hay que eliminar también los tokens que ya no se usan. Lo razonable es que tu empresa sea propietaria verificada y que el proveedor trabaje como usuario con acceso total o como propietario delegado.
Analytics y Perfil de Empresa
En Google Analytics los permisos se asignan por cuenta o por propiedad, y para añadir o quitar usuarios hace falta el rol de administrador. La herramienta impide que el último administrador se elimine a sí mismo, lo que significa que alguien tiene que conservar siempre ese papel. Que ese alguien sea tu empresa marca la diferencia entre conservar años de datos o empezar de cero. El proveedor puede trabajar sin problema con un rol de editor, o de administrador solo en la propiedad que gestiona.
El Perfil de Empresa de Google admite varios propietarios y administradores, pero un solo propietario principal. Los administradores pueden gestionar casi todo menos los usuarios, y quien acaba de convertirse en propietario tiene que esperar unos días antes de poder transferir la propiedad principal o quitar a otros. Si tu ficha la creó una agencia, pide que te añada como propietario y, pasado ese plazo, que te transfiera la propiedad principal. La misma lógica vale para Google Ads, Tag Manager o los píxeles de redes sociales.
Cuando la web deja de ser un escaparate
Una buena web acompaña al usuario, elimina fricciones y acelera decisiones. Aquí te explicamos cómo lo hacemos desde la estrategia y la UX.
Licencias de tema, plugins, tipografías e imágenes
Una web actual se construye en buena parte con piezas de terceros. El gestor de contenidos, el tema, los plugins, las tipografías y muchas de las imágenes tienen su propia licencia, con sus condiciones de uso y, a menudo, con una renovación anual. Nadie es dueño de esas piezas más allá del derecho a usarlas. La pregunta relevante no es de quién son, sino a nombre de quién está cada licencia y qué ocurre con ella si un día decides cambiar de proveedor.
El caso más frecuente es el de los plugins y constructores de pago. Muchos proveedores compran licencias que cubren las webs de todos sus clientes, por ejemplo la licencia de un constructor visual de pago o de un tema premium contratada en su cuenta. Es eficiente y abarata el proyecto. El inconveniente llega al final de la relación, cuando esa licencia deja de cubrir tu web. La web no se rompe de inmediato, pero se queda sin actualizaciones y, con el tiempo, eso se convierte en un problema de seguridad.
Qué preguntar sobre cada licencia
Para cada pieza de pago conviene saber cuatro cosas. Quién es el titular de la licencia, cuánto cuesta renovarla por separado, cuándo vence y qué pasa con ella si dejas de trabajar con el proveedor. No hace falta que todas estén a tu nombre desde el primer día. Basta con que esas cuatro respuestas estén por escrito y con que exista un compromiso de traspaso, o de aviso con antelación suficiente para contratarla tú. En el artículo sobre el precio del mantenimiento web detallamos qué parte de esas renovaciones suele ir dentro de la cuota.
Tipografías, imágenes y el malentendido de lo libre de derechos
Las tipografías tienen licencias más variadas de lo que parece. Las de licencia abierta se pueden usar en una web sin coste, pero muchas tipografías comerciales se licencian por separado para escritorio, para web o para aplicaciones, a veces con límites de uso. Si tu identidad de marca usa una tipografía comercial, comprueba que la licencia web está contratada y a nombre de quién figura. Es un detalle que suele salir a la luz en el peor momento, cuando otro proveedor intenta reutilizarla y descubre que no puede.
Con las fotografías pasa algo parecido. Las imágenes libres de derechos no son imágenes sin licencia. La expresión suele significar que se paga una vez y se usa sin abonar nada por cada publicación, pero la licencia existe, tiene condiciones y en muchos bancos de imágenes queda vinculada a la cuenta que hizo la descarga. Si esa cuenta es la de tu proveedor, pide el registro de licencias de cada imagen publicada en tu web o, mejor todavía, que las imágenes se compren desde una cuenta de tu empresa.
Contenidos y archivos fuente, el trabajo que pagas y conviene recibir
Además de la web publicada, un proyecto genera material que tiene valor por sí mismo. Los textos de cada página, las fotografías encargadas, las ilustraciones, los iconos, los archivos de diseño editables, el logotipo en sus formatos de trabajo y, si la web tiene desarrollo propio, el código en un repositorio. Todo eso es trabajo pagado, y la forma en que se entrega determina si podrás reutilizarlo en un folleto, en una campaña o en la siguiente versión de la web.
La propiedad de este material tiene una parte técnica y una parte legal. La técnica es sencilla, porque basta con que te entreguen los archivos en los formatos de trabajo habituales del sector y no solo la versión exportada. La legal es más delicada y aquí conviene ser prudentes. Los derechos de autor de una página web, de sus textos o de sus imágenes nacen en quien los crea, y que pasen a tu empresa depende de una cesión cuyo alcance debe revisar un abogado al preparar el contrato.
Lo que dice la ley sobre la cesión, sin entrar en el contrato
Sin entrar en cláusulas, hay dos ideas de la Ley de Propiedad Intelectual que conviene conocer antes de firmar. La primera es que toda cesión de derechos debe formalizarse por escrito. La segunda es que la cesión queda limitada a los derechos, las modalidades de explotación, el tiempo y el territorio que se hayan previsto, y que cuando no se menciona el tiempo la ley la limita a cinco años. Un acuerdo verbal o un presupuesto aceptado por correo pueden quedarse cortos.
Archivos fuente y repositorio de código
Existe una práctica habitual y legítima que consiste en entregar el resultado final y reservarse los archivos de trabajo. Es aceptable siempre que se sepa antes de firmar. Si para ti es importante poder modificar el diseño con otro equipo, pide expresamente los archivos editables del diseño, las tipografías y los recursos gráficos y, si hay desarrollo a medida, acceso al repositorio de código con su historial. Que ese repositorio esté en una cuenta de tu empresa y no en la del proveedor ahorra muchas conversaciones futuras.
Una web que no frena a tu marca
Si tu web actual no refleja el nivel real de tu empresa o no genera oportunidades, es momento de replantearla con criterio.
Accesos y documentación que debes recibir el día de la entrega
La entrega de una web suele reducirse a un correo con un enlace y una contraseña. Es poco. Un proyecto de diseño web bien cerrado termina con un momento en que la titularidad y los accesos se comprueban uno a uno y en que el conocimiento sobre cómo está hecha la web pasa a estar escrito. Pedirlo no es desconfiar del proveedor. Un equipo profesional prepara esa información de todos modos para sus propios técnicos, y entregártela no le cuesta más que exportarla.
Estos son los elementos que conviene recibir por escrito, reunidos en un único documento que tu empresa guarde fuera del buzón de una sola persona.
- Usuario de administrador nominal. Un usuario a tu nombre en el gestor de contenidos, distinto del que usa el proveedor, para que cada acceso quede identificado y se pueda retirar sin afectar a los demás.
- Accesos a registrador, alojamiento y DNS. Con tu propio usuario en cada panel, no una contraseña compartida que solo funciona mientras nadie la cambie.
- Copia de seguridad completa. Archivos y base de datos de la versión publicada, descargados y guardados fuera del servidor donde está la web.
- Inventario técnico. Gestor de contenidos y versión, tema, plugins con su función, licencias con titular y fecha de renovación, integraciones externas y tareas programadas.
- Mapa de formularios y avisos. Qué formulario envía cada mensaje, a qué dirección llega y qué herramientas externas reciben datos de los visitantes.
- Guía de uso. Cómo editar páginas, publicar entradas o cambiar un dato sin romper el diseño, a ser posible acompañada de una sesión de formación grabada.
La copia de seguridad merece un comentario aparte. Muchas webs tienen copias automáticas en el propio servidor, y está bien que las tengan, pero una copia que vive en el mismo sitio que la web no protege frente a un conflicto con quien controla ese sitio. Una copia de seguridad de WordPress, o del sistema que uses, descargada y guardada en un almacenamiento de tu empresa es la única que te garantiza poder empezar de nuevo con otro equipo si algo sale mal.
Dónde guardar las contraseñas
Las credenciales no deberían viajar por correo ni vivir en una hoja de cálculo compartida. Un gestor de contraseñas para empresas permite dar accesos al proveedor sin enviarlos en claro, ver quién tiene cada uno y retirarlos de una sola vez cuando la relación termina. Si tu empresa todavía no usa ninguno, este es un buen momento para empezar. Y si el proveedor propone guardar él todas las claves en su propio sistema, pide al menos una copia actualizada en el tuyo.
Señales de alarma antes de firmar con una empresa para crear página web
La mayoría de empresas que hacen páginas web trabajan de buena fe y no tienen ningún interés en retener a un cliente insatisfecho. Aun así, hay prácticas que, por comodidad o por modelo de negocio, construyen dependencia desde el primer día. Detectarlas antes de firmar es sencillo si sabes qué mirar, y casi todas se resuelven con una pregunta directa y una respuesta por escrito. La tabla recoge las más frecuentes, lo que suelen indicar y la pregunta que conviene hacer.
| Señal | Qué suele significar | Pregunta que conviene hacer |
|---|---|---|
| El proveedor registra el dominio a su nombre | Comodidad operativa o una forma de retener al cliente | ¿Figurará mi empresa como titular desde el registro? |
| La web se construye en una plataforma propia del proveedor | La web no existe fuera de sus servidores | ¿Puedo exportar el sitio completo y llevarlo a otro alojamiento? |
| El mantenimiento es obligatorio y no hay alternativa | El precio del proyecto se recupera a través de la cuota | ¿Qué pasa si dejo el mantenimiento al año siguiente? |
| No se entregan copias de seguridad | La única copia vive en el servidor del proveedor | ¿Recibiré una copia completa descargable y con qué frecuencia? |
| El cliente no tendrá usuario de administrador | El proveedor quiere ser el único que toca la web | ¿Qué usuario tendré y con qué permisos? |
| Las cuentas de Google se crean con su correo | El histórico de datos queda en sus manos | ¿Será mi empresa la propietaria de Search Console, Analytics y la ficha? |
| Licencias de agencia sin detalle | La web perderá actualizaciones si te vas | ¿Qué licencias pasan a mi nombre y cuánto cuestan por separado? |
| Permanencias largas en el servicio posterior | Retención por contrato, no por el valor del servicio | ¿Cuál es el preaviso y qué me entregáis al salir? |
Ninguna de estas señales es motivo suficiente para descartar a un proveedor por sí sola. Hay plataformas cerradas que encajan muy bien con negocios que necesitan una web sencilla y no quieren preocuparse por la parte técnica, y hay mantenimientos obligatorios que tienen sentido en webs con mucha carga o con datos delicados. Lo que importa es que la condición se conozca y se acepte antes de firmar, no que se descubra el día en que quieres irte.
Las respuestas también informan. Un proveedor que contesta con naturalidad, que te enseña cómo entregó otros proyectos y que no se incomoda con la pregunta sobre qué pasa si os separáis suele ser un proveedor que no necesita retenerte. Si la pregunta genera silencios o respuestas vagas, toma nota. Si todavía estás decidiendo qué tipo de proveedor encaja con tu proyecto, las diferencias de riesgo entre modelos las analizamos en el artículo sobre agencia, estudio o freelance.
Cómo se hace un traspaso ordenado si cambias de proveedor
Cambiar de proveedor web es una operación normal y, bien hecha, casi invisible para tus clientes. El error más frecuente es empezar por el final, comunicando la baja antes de tener los accesos, o mover el dominio, la web y el correo el mismo día. El orden importa más que la velocidad. Para el caso concreto de cambiar de empresa de mantenimiento ya dimos unas pautas en otro artículo, así que aquí nos centramos en la secuencia completa cuando cambia el proveedor de toda la web.
Antes de anunciar nada
El primer paso es silencioso. Reúne la lista de activos de la tabla del principio y comprueba cada uno. A nombre de quién está el dominio, si tienes acceso al registrador, dónde se gestionan los DNS, quién paga el alojamiento, qué cuentas de Google son tuyas y qué licencias dependen del proveedor. Descarga una copia completa de la web y exporta los datos de analítica y de formularios que quieras conservar. Con eso hecho, la conversación con el proveedor saliente parte de una posición tranquila.
Transferir el dominio sin sustos
Si el dominio ya está a tu nombre, transferir el dominio a otro registrador es un trámite. En la mayoría de extensiones el registrador actual facilita un código de autorización, a menudo llamado código EPP o authcode, que el nuevo registrador pide para iniciar el traslado. Antes hay que comprobar que el dominio no está bloqueado para transferencias y que el correo de contacto es tuyo, porque la confirmación suele llegar ahí. Cambiar de registrador no cambia por sí mismo adónde apunta la web.
Si el dominio está a nombre del proveedor, el paso previo es un cambio de titular, que debe iniciar quien figura como titular. Por eso conviene resolverlo mientras la relación es cordial. En los dos casos, separa la transferencia del dominio de la migración de la web. Primero se asegura la titularidad, después se mueve el alojamiento y al final, si hace falta, se cambia de registrador. Hacerlo todo a la vez multiplica los puntos donde algo puede fallar y complica saber qué ha fallado.
Migración, DNS y cierre de accesos
Con la titularidad resuelta, el nuevo equipo prepara la web en su alojamiento y la revisa antes de cambiar los DNS. Reducir el tiempo de vida de los registros unos días antes acorta la ventana en la que conviven el servidor antiguo y el nuevo. El correo se migra en un momento distinto, con su propia copia previa. Y cuando todo funciona llega el paso que más se olvida, retirar los usuarios del proveedor saliente, cambiar las contraseñas compartidas y eliminar los tokens de verificación que ya no se usan.
Qué hacer si ya dependes de tu proveedor actual
Si al leer los apartados anteriores has reconocido tu situación, no hace falta romper la relación ni preparar un conflicto. La mayoría de dependencias se deshacen pidiendo las cosas con calma y por escrito. Muchos proveedores registraron el dominio a su nombre o crearon la analítica con su correo por pura inercia, y no tienen ningún problema en corregirlo cuando el cliente lo pide. Plantéalo como una actualización administrativa, no como una reclamación. Empieza por el titular del dominio, la propiedad de las cuentas de Google y un usuario de administrador para tu empresa, y sigue con la copia de seguridad y la lista de licencias.
Si el proveedor no colabora
A veces la respuesta no llega, o llega con condiciones. Antes de escalar, revisa lo que firmaste, las facturas y los correos donde se habló de la titularidad, porque esa documentación es la base de cualquier conversación posterior. Si aun así no hay acuerdo, el siguiente paso es consultar con un abogado, que valorará las opciones según tu caso concreto. No es un terreno para resolver por tu cuenta, y menos con prisas o con mensajes escritos en caliente.
Mientras tanto, protege lo que sí controlas. Si las cuentas de Google no son tuyas, crea las tuyas y empieza a acumular histórico desde hoy. Si el dominio está en riesgo, calcula con calma el coste de un plan alternativo, que pasa por un dominio nuevo, una migración con redirecciones y un periodo de pérdida de visibilidad. Es el último recurso, pero conocer su coste ayuda a negociar. Recuperar un dominio suele salir más barato que reconstruir todo lo que cuelga de él.
Lista de comprobación para una relación sana con tu proveedor web
Todo lo anterior cabe en una tabla que se puede imprimir y repasar en tres momentos, antes de firmar, el día de la entrega y una vez al año. No hace falta ser técnico para usarla. Cada fila es una comprobación que se responde con un sí o con un no, y cada no es una conversación pendiente con tu proveedor, no un motivo de alarma inmediata. Lo habitual es que la primera revisión destape dos o tres puntos que nadie había mirado nunca.
| Comprobación | Antes de firmar | En la entrega | Cada año |
|---|---|---|---|
| El dominio figura a nombre de tu empresa | Pedir que se registre así | Consulta de titularidad hecha | Revisar titular, caducidad y correo de contacto |
| Tienes acceso propio a registrador, alojamiento y DNS | Acordar quién contrata cada servicio | Usuarios propios creados | Comprobar que siguen activos |
| Tu empresa es propietaria de Search Console, Analytics y la ficha | Pedirlo por escrito | Roles comprobados en cada herramienta | Revisar usuarios y retirar los que sobran |
| Las licencias tienen titular, coste y vencimiento conocidos | Pedir la lista prevista | Recibir la lista definitiva | Revisar renovaciones |
| La cesión del material creado está escrita | Revisarla con un abogado | Recibir los archivos editables | Guardar las versiones nuevas |
| Existe una copia completa fuera del servidor | Acordar formato y frecuencia | Descargar la primera | Descargar una reciente |
| La documentación técnica está al día | Incluirla en el alcance | Recibir el documento | Pedir su revisión |
| El servicio posterior tiene una salida clara | Conocer preaviso y entregables | Firmar las condiciones | Valorar si sigue compensando |
Una relación sana con quien hace tu web se parece a la que tienes con cualquier buen proveedor de servicios profesionales. Sigues trabajando con él porque te entiende, responde rápido y aporta criterio, no porque irte sea complicado. Esa es la relación que recomendamos exigir a cualquier proveedor. Un proveedor que confía en su trabajo no necesita guardarse las llaves, porque sabe que la mejor razón para seguir contando con él es el propio trabajo.
Si estás a punto de crear la página web de tu empresa, o de rehacerla, usa esta lista en la primera reunión con cada candidato y fíjate en cómo responde. Lo relativo a cifras y alcance ya lo tratamos en el artículo sobre cómo pedir un presupuesto de página web sin quedarte corto. Y si quieres que hablemos de tu web con estos criterios sobre la mesa, puedes ver cómo trabajamos en nuestro servicio de diseño web. Hablemos de tu proyecto.
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Preguntas frecuentes
¿A nombre de quién debe estar el dominio de mi web?
A nombre de tu empresa, con un correo de contacto corporativo que no dependa de una sola persona. El proveedor puede gestionarlo técnicamente y tener acceso al panel del registrador, pero el titular debe ser quien paga la web y vive de ella. Es el único activo que no se puede rehacer, porque de él cuelgan el correo, los enlaces y las posiciones en buscadores. Si hoy figura otro titular, pide el cambio mientras la relación con el proveedor es buena.
¿Cómo sé a nombre de quién está mi dominio?
Con una consulta whois, que muestra el registrador, las fechas de alta y caducidad y, si no están ocultos, los datos del titular. Para los dominios .es la consulta pública está en la web de dominios de Red.es y para los genéricos sirve cualquier herramienta de consulta. Si los datos aparecen ocultos por privacidad, entra en el panel del registrador o pide a tu proveedor una captura donde se vean el titular y el correo de contacto.
¿Puedo cambiar de hosting sin perder mi web ni mi dominio?
Sí, siempre que el dominio sea tuyo y tengas una copia completa de archivos y base de datos. El cambio consiste en instalar la web en el nuevo alojamiento, comprobar que funciona y modificar los DNS para que el dominio apunte al servidor nuevo. Lo que complica la operación son las webs construidas en plataformas propias que no se pueden exportar y las configuraciones de servidor que nadie documentó. Por eso conviene pedir esa documentación el día de la entrega.
¿Quién es el propietario de una página web hecha por una agencia?
Depende de la parte de la que hablemos y de lo que se haya pactado por escrito. El dominio, las cuentas y los datos deberían ser de tu empresa. El software de terceros solo se usa con licencia. El diseño, los textos y las imágenes creados para ti requieren una cesión de derechos, y la Ley de Propiedad Intelectual exige que conste por escrito. El alcance concreto de esa cesión debe revisarlo un abogado al preparar el contrato con el proveedor.
¿Qué es el código EPP de un dominio y quién debe tenerlo?
Es un código de autorización que facilita el registrador actual y que el nuevo registrador pide para trasladar el dominio. También se le llama authcode o código de transferencia. Debe poder solicitarlo el titular del dominio desde su panel o a través de su registrador. Si tu proveedor gestiona el dominio, pídele que te explique cómo se obtiene y a qué correo llegan las confirmaciones, porque ese dato es lo que te permite mover el dominio sin depender de nadie.
¿Es normal que la empresa que hace la web pida acceso a Search Console?
Sí, y es razonable, porque lo necesita para revisar la indexación, enviar el mapa del sitio y detectar errores técnicos. Lo importante es el sentido del acceso. Tu empresa debería ser la propietaria verificada de la propiedad y dar al proveedor un permiso de usuario o de propietario delegado. Así, si la relación termina, retiras su acceso y conservas todo el histórico. Al hacerlo, elimina también los tokens de verificación que ya no se usen.