Tienes tres documentos abiertos en el escritorio. Los tres hablan de diseño adaptado a móvil, los tres mencionan optimización para buscadores, los tres dicen que el proyecto es a medida y que incluye formación. Uno tiene once páginas y un PDF muy bien maquetado, otro tiene una sola hoja, el tercero está escrito en el cuerpo de un correo. Y los tres importes, con sus diferencias, entran dentro de lo que habías previsto. Entonces llega la pregunta que bloquea la decisión durante semanas, que no es cuál es más barato, sino qué está comprando cada uno exactamente.
Ese bloqueo tiene una causa concreta. Las propuestas que envían las empresas de diseño web están escritas para vender, no para ser comparadas. Usan el mismo vocabulario porque ese vocabulario funciona, y ese vocabulario se ha vuelto tan común que ya no distingue nada. Cuando dos documentos dicen la misma frase y detrás hay dos cantidades de trabajo distintas, la frase ha dejado de ser información. Y sin información no hay comparación posible, solo intuición y simpatía por quien te cogió el teléfono más rápido.
Este artículo no va de lo que cuesta una web. Eso está tratado aparte y con detalle, y si esa es tu duda lo lógico es leer primero cuánto cuesta una página web profesional y volver aquí después. Lo que vas a encontrar a partir de aquí es lo otro, lo que casi nadie explica desde el lado del cliente. Cómo coger tres propuestas escritas con criterios distintos y llevarlas a una misma tabla para poder decidir con argumentos.

Vas a salir de aquí con un método de normalización, una plantilla de catorce partidas, la lista de lo que casi nunca se escribe y siempre se acaba pagando, tres propuestas de ejemplo analizadas una por una, un guion de correo para pedir aclaraciones a los tres proveedores a la vez y las preguntas que hay que hacerle a un cliente anterior. Es largo, porque la decisión también lo es y porque en los proyectos que nos llegan después de un intento fallido casi siempre hay una partida que nadie miró a tiempo.
Por qué dos empresas de diseño web venden lo mismo y entregan cosas distintas
La confusión empieza por una cuestión de lenguaje. Los entregables de un proyecto web tienen nombres genéricos y esos nombres admiten dentro una horquilla de trabajo enorme. Diseño de la página de inicio puede significar tres propuestas visuales distintas partiendo de una investigación previa, o puede significar adaptar una plantilla comprada cambiando colores, tipografía y fotos. Las dos cosas se escriben igual en un documento comercial. Ninguna de las dos está mintiendo. Simplemente hay una diferencia de días de trabajo que el papel no recoge.
Ocurre lo mismo con casi todo lo demás. Textos revisados puede ser pasar un corrector o puede ser reescribir la propuesta de valor de la empresa. Optimización SEO puede ser rellenar los campos de título y descripción de un plugin o puede ser un trabajo de arquitectura de contenidos con investigación de búsquedas previa. Formación puede ser un vídeo de diez minutos grabado una vez para todos los clientes o una sesión en directo con el equipo que va a actualizar la web. Las palabras coinciden. El alcance no.
La unidad de comparación no es la web, es el alcance
Aquí está el cambio mental que resuelve el problema. Mientras compares webs terminadas estás comparando promesas, porque la web todavía no existe y nadie puede enseñártela. En cambio el alcance sí existe ya, está escrito, y es lo único que ambas partes pueden discutir con hechos antes de firmar nada. El alcance es la lista de tareas que alguien va a hacer, el número de veces que las va a hacer y el punto en el que deja de hacerlas.
Cuando cambias la unidad de comparación cambia también la conversación. Dejas de preguntar si te van a hacer una web bonita, pregunta imposible de responder, y empiezas a preguntar cuántas propuestas visuales entran, cuántas rondas de cambios, quién escribe los textos, qué pasa el día después de la publicación. Esas preguntas sí tienen respuesta concreta, y la calidad de la respuesta te dice bastante sobre con quién estás hablando. En nuestro trabajo de diseño web la mitad de la reunión inicial se va en acotar esto, y es tiempo bien empleado.
Qué preguntar a una empresa de diseño web antes de comparar nada
Antes de poner las propuestas en paralelo conviene tener tres datos de cada una, porque sin ellos la tabla que montes después no va a servir. El primero es quién ejecuta materialmente el proyecto, si el equipo que te atiende es el mismo que trabaja o hay subcontratación. El segundo es sobre qué se construye, si es un desarrollo propio, un gestor de contenidos con un constructor visual o una plantilla comercial adaptada. El tercero es cuántas personas distintas van a tocar el proyecto y quién es tu interlocutor único.
Estas tres preguntas no son un examen ni un intento de pillar a nadie. Son datos de contexto que cambian por completo la lectura de todo lo demás. Un proveedor pequeño que trabaja sobre un sistema conocido y entrega en seis semanas puede ser una opción excelente, igual que un equipo mayor con varios perfiles especializados. Lo que no se puede es comparar los dos como si fueran la misma cosa. La elección entre agencia, estudio o freelance merece su propio análisis y condiciona todo lo que viene después.
Cómo se mueven las empresas de diseño web en España
Para leer una propuesta ayuda entender de dónde sale. El mercado español está muy fragmentado y conviven en él modelos de negocio que no se parecen en nada aunque se anuncien con las mismas palabras. Hay estudios pequeños de dos o tres personas con especialización clara, hay agencias generalistas que hacen web dentro de un catálogo más amplio de marketing, hay profesionales independientes, hay empresas de producción en volumen que trabajan con plantillas y procesos muy cerrados y hay operadores de telecomunicaciones y plataformas que venden la web como complemento de otro servicio.
Cada uno de esos modelos tiene una estructura de costes distinta y por tanto una forma distinta de escribir su propuesta. El que trabaja en volumen necesita cerrar rápido y tiende a documentos cortos con precio cerrado y poco detalle, porque el detalle abre conversaciones que le rompen el margen. El estudio especializado tiende a documentos largos donde el descubrimiento y la estrategia pesan tanto como la producción. La agencia generalista suele proponer paquetes que mezclan web con otros servicios recurrentes. Ninguno es mejor por defecto. Son respuestas a necesidades distintas.
Ese contexto explica una anomalía que descoloca a mucha gente. Que la propuesta más cara sea la más corta y la más barata sea la más extensa no dice nada por sí solo. Lo que importa es si el documento describe trabajo o describe promesas. Un PDF de veinte páginas lleno de metodología con nombre propio, iconos y frases sobre el valor de la marca puede contener menos información útil que un correo de quince líneas donde alguien enumera exactamente qué va a hacer y qué no. Y sobre lo automatizado, el patrón es bastante estable, conviene saber qué pierdes con una web barata o todo en uno antes de compararla con un proyecto hecho a mano.
Cómo elegir una empresa de diseño web empieza por normalizar las propuestas
Normalizar significa reescribir las tres propuestas en un mismo formato, con las mismas casillas, para que las diferencias salten a la vista. No es un trámite burocrático. Es el único momento del proceso en el que descubres qué falta en cada documento, y lo que falta suele importar más que lo que sobra. El trabajo lleva una tarde y evita meses de discusión posterior.
El procedimiento tiene tres pasos y no admite atajos. Primero se construye la plantilla de partidas, que es siempre la misma y no depende de lo que cada proveedor haya decidido contar. Segundo, se vuelca cada propuesta en esa plantilla marcando tres estados por partida, incluido, excluido o no mencionado. Tercero, se convierte cada no mencionado en una pregunta concreta, porque el no mencionado es exactamente el punto donde luego aparecen los costes que no esperabas.
Por qué el estado no mencionado es el más peligroso
Un excluido es una buena noticia. Significa que el proveedor ha pensado en esa partida, ha decidido que no entra y te lo ha dicho. Con eso puedes presupuestarlo aparte, negociarlo o asumirlo tú. Es información. Un no mencionado, en cambio, es una ambigüedad que se resolverá a mitad de proyecto, normalmente en el peor momento y casi siempre a tu favor solo si tienes algo escrito.
En los proyectos que heredamos de otros, los conflictos rara vez vienen de lo que estaba escrito y salió mal. Vienen de lo que no estaba escrito y cada parte daba por supuesto. El cliente daba por supuesto que los textos los redactaba el proveedor porque le habían pedido información, y el proveedor daba por supuesto que el cliente los entregaba porque conoce su negocio. Los dos tenían razón dentro de su cabeza. Nadie la tenía en el documento.
Cuántas propuestas hay que pedir
Tres es el número que funciona. Con dos no hay patrón, solo un contraste, y el cerebro tiende a elegir la intermedia entre dos opciones sin más criterio. Con cinco o seis empieza a haber ruido, el proceso se alarga, los proveedores buenos notan que están en una subasta y algunos se retiran, que suele ser el peor resultado posible porque los que se retiran son los que tienen agenda.
Tres propuestas te dan lo que necesitas, que es un rango y una mediana. Si dos coinciden en una partida y la tercera se desvía mucho, la desviación es la que hay que investigar. Puede ser que esa tercera haya entendido algo que las otras no vieron, o puede ser que esté vendiendo humo. Cualquiera de las dos cosas es información valiosa y solo aparece cuando hay tres columnas en la tabla. Para preparar bien la petición inicial y que las tres respondan a lo mismo, tienes el detalle en cómo pedir un presupuesto de página web que se pueda comparar después.
Diseño web pensado para convertir
Tu web no está para gustar, está para guiar, convencer y convertir. Diseñamos sitios web alineados con la estrategia de marca y los objetivos del negocio.
Qué incluye una propuesta de diseño web cuando está bien escrita
Esta es la plantilla. Catorce partidas que cubren la práctica totalidad del trabajo real de un proyecto web de tamaño medio. Úsala como está, sin adaptarla a lo que diga cada documento, y ve marcando. La columna de la derecha es la que te va a ahorrar dinero, porque señala qué significa que esa partida no aparezca.
| Partida | Qué debería concretar la propuesta | Qué pasa si no aparece |
|---|---|---|
| Descubrimiento | Número de sesiones, con quién, qué documento sale de ahí | El proyecto arranca sobre suposiciones y los cambios llegan tarde |
| Arquitectura de información | Mapa de secciones, jerarquía de menús, criterio de agrupación | La estructura la acaba decidiendo la plantilla elegida |
| Wireframes | Cuántas pantallas se esquematizan antes de diseñar | Se discute el color cuando el problema era el orden de los bloques |
| Plantillas de diseño únicas | Cuántos diseños distintos se crean realmente | Lo habitual es contar páginas totales para engordar la cifra |
| Páginas publicadas | Cuántas URLs quedan online el día de la entrega | Aparecen páginas extra a mitad de proyecto con coste aparte |
| Maquetación y responsive | Qué tamaños de pantalla se revisan uno a uno | Móvil queda como resultado automático y nadie lo repasa |
| Contenidos | Quién redacta, cuántas palabras, cuántas revisiones | Es la partida fantasma número uno del sector |
| Fotografía e imágenes | Sesión propia, banco de imágenes con licencia o aportadas por ti | La web se publica con fotos genéricas o con las tuyas mal recortadas |
| SEO técnico de base | Etiquetas, encabezados, datos estructurados, sitemap, indexación | Se entrega una web correcta que los buscadores leen mal |
| Analítica | Herramienta instalada, eventos medidos, consentimiento configurado | Pasan seis meses sin saber si la web funciona |
| Formularios y avisos legales | Campos, destinatarios, textos legales, registro de consentimiento | Los textos legales los acabas copiando de otra web |
| Migración y redirecciones | Plan de URLs antiguas, contenido a conservar, gestión del dominio | Se pierde el posicionamiento acumulado durante años |
| Pruebas y control de calidad | Navegadores, dispositivos, velocidad, enlaces rotos, formularios | Las pruebas las haces tú en producción y con clientes dentro |
| Formación y soporte posterior | Formato, duración, semanas de garantía, qué entra en esa garantía | Cualquier cambio menor se convierte en una factura |
Al volcar las tres propuestas verás algo incómodo. Ninguna cubre las catorce. Es normal y no descalifica a nadie. Lo que importa es cuántas casillas quedan vacías en cada una y si esas casillas son accesorias o son las que sostienen el proyecto. Una propuesta con doce partidas concretadas y dos excluidas por escrito es mucho más sólida que una con catorce mencionadas de pasada y ninguna detallada.
Cómo leer el número de páginas sin engañarte
Aquí hay una confusión que cuesta mucho dinero. El número de páginas de una web y la cantidad de diseño que lleva no guardan relación directa. Lo que se diseña son plantillas, y de cada plantilla salen tantas páginas como haga falta rellenando contenido. Una ficha de servicio se diseña una vez y sirve para ocho servicios. Una entrada de blog se diseña una vez y sirve para trescientas.
Por eso una propuesta de veinte páginas puede ser más barata de producir que una de seis. Si esas veinte son inicio, contacto, sobre nosotros, blog y dieciséis fichas de servicio construidas con la misma plantilla, el trabajo de diseño real son cinco plantillas. Si las seis de la otra propuesta son seis pantallas con estructura, jerarquía y tratamiento visual distintos, ahí hay seis diseños completos. La cifra grande suena mejor en el documento comercial y significa menos trabajo.
Así que en la tabla no anotes el número que te dan. Anota dos números separados, plantillas únicas y páginas publicadas. Si el proveedor no sabe responder a esa distinción o se pone nervioso, ya tienes un dato. Si responde en dos segundos con las dos cifras, tienes otro. Es una de las preguntas que más rápido separa a quien tiene proceso de quien improvisa.
Qué significa llave en mano en una web
Llave en mano es una expresión que suena a tranquilidad y que en la práctica no significa nada mientras no venga acompañada de una lista. Quiere decir que el proveedor se encarga de todo, y todo es precisamente lo que hay que definir. En el mejor de los casos incluye textos, imágenes, configuración técnica, legales, analítica y publicación. En el peor incluye montar lo que tú le mandes.
La prueba para saber en cuál de los dos casos estás es muy sencilla y consiste en una sola pregunta. Qué necesitas de mí para terminar el proyecto. Si la respuesta es el logotipo y poco más, es llave en mano de verdad y el precio lo reflejará. Si la respuesta es una lista larga que incluye textos de todas las secciones, fotos en buena resolución y las descripciones de cada servicio, entonces llave en mano significaba montaje llave en mano y el trabajo de contenidos es tuyo.
Las partidas fantasma que casi ninguna empresa de diseño web escribe
Hay un grupo de tareas que tienen tres características en común. Son imprescindibles para publicar, consumen bastante tiempo y no aparecen casi nunca en las propuestas. No siempre por mala fe, muchas veces porque el proveedor asume que las cubre el cliente y el cliente asume lo contrario. Como el documento no las nombra, el conflicto se aplaza hasta que alguien tiene que hacerlas.
| Partida fantasma | Quién suele acabar haciéndola | Coste real si no está prevista |
|---|---|---|
| Redacción de textos | El cliente, a destiempo y sin criterio de conversión | Semanas de retraso y una web publicada a medias |
| Imágenes y licencias | Nadie, hasta la semana de publicar | Fotos genéricas que contradicen el posicionamiento |
| Traducción a otro idioma | Se descubre que el sistema ni siquiera está preparado | Rehacer la estructura entera del sitio |
| Consentimiento de cookies | Un plugin gratuito instalado deprisa | Analítica rota y exposición legal innecesaria |
| Plan de redirecciones | Nadie, si venías de una web anterior | Caída de visitas durante meses tras el lanzamiento |
| Accesibilidad básica | Se deja para una fase dos que no llega | Contrastes, textos alternativos y navegación por teclado sin revisar |
| Velocidad de carga | Se mira el día antes de entregar | Optimización a posteriori que toca diseño ya aprobado |
Qué partidas no aparecen nunca en una propuesta y cómo sacarlas a la luz
La forma de resolverlo no es desconfiar, es preguntar en positivo y por escrito. Una frase del tipo quiero confirmar cómo tratamos los textos, las imágenes y las redirecciones, porque no las veo detalladas, convierte una ambigüedad en un acuerdo. Un buen proveedor agradece la pregunta, porque a él también le interesa que eso esté cerrado antes de empezar. Quien se incomoda con la pregunta te está avisando de cómo va a gestionar los imprevistos.
De todas ellas hay dos que conviene tratar con especial cuidado. Los textos, porque son el trabajo que más condiciona el resultado de negocio y el que más se subestima en horas. Y las redirecciones, porque si ya tienes una web con historial y tráfico, un lanzamiento sin plan de URLs puede borrar de un día para otro un posicionamiento que costó años construir. Esa partida no es un extra, es un seguro.

Cuando la web deja de ser un escaparate
Una buena web acompaña al usuario, elimina fricciones y acelera decisiones. Aquí te explicamos cómo lo hacemos desde la estrategia y la UX.
Comparar empresas de diseño web con tres propuestas encima de la mesa
Vamos a hacerlo con un ejemplo construido a partir de patrones que vemos repetidos. Tres propuestas para el mismo encargo, una web de servicios profesionales con ocho servicios, blog y formulario de contacto. Las tres se presentan con el mismo titular, diseño web a medida con SEO incluido. Los tres documentos caben en un folio de resumen. Lo que cambia debajo lo tienes en la tabla.
| Partida | Propuesta A | Propuesta B | Propuesta C |
|---|---|---|---|
| Descubrimiento | No mencionado | Cuestionario por correo | Dos sesiones y documento de alcance |
| Arquitectura | No mencionado | Mapa del sitio en una diapositiva | Mapa, jerarquía y criterio de URLs |
| Wireframes | No | No | Cinco pantallas |
| Plantillas únicas | Plantilla comercial adaptada | Tres plantillas | Cinco plantillas |
| Páginas publicadas | Veinte | Doce | Catorce |
| Rondas de cambios | Una | Dos | Dos por fase |
| Textos | Los aporta el cliente | Revisión de estilo | Redacción de seis páginas |
| Imágenes | Banco gratuito | Banco con licencia | Banco con licencia y dirección de arte |
| SEO técnico | Plugin instalado | Plugin y metadatos | Metadatos, encabezados, datos estructurados |
| Analítica | No mencionado | Instalación básica | Instalación y tres eventos de contacto |
| Migración | No mencionado | No mencionado | Plan de redirecciones incluido |
| Pruebas | Revisión final | Revisión en dos navegadores | Lista de control firmada antes de publicar |
| Formación | Vídeo grabado | Una hora en directo | Dos horas y manual del sitio |
| Soporte posterior | Quince días | Un mes | Tres meses de garantía |
| Plazo anunciado | Tres semanas | Seis semanas | Diez semanas |
Qué está comprando realmente cada una
La propuesta A vende producción. Sobre una plantilla comercial, con contenidos que aportas tú y una ronda de cambios, el trabajo es de montaje y ajuste. Las veinte páginas suenan generosas y salen casi gratis porque todas usan el mismo esqueleto. Es una opción defendible si tienes los textos escritos, las fotos hechas y una necesidad clara de estar online rápido. Deja de serlo en cuanto esperabas que alguien pensara la estructura por ti.
La propuesta B vende un proyecto medio razonable. Hay tres plantillas, dos rondas, revisión de estilo en los textos e imágenes con licencia. El agujero está en la migración y en lo que pasa después. Si vienes de una web con historial, ese no mencionado en migración es la casilla que puede costar más que la diferencia de precio con la propuesta C. Y un mes de soporte da para poco si la web se publica y entra un periodo de vacaciones por medio.
La propuesta C vende criterio y responsabilidad. Descubrimiento con dos sesiones, wireframes antes de diseñar, redacción de las páginas que más pesan, plan de redirecciones y tres meses de garantía. Es la más cara en el papel y la que más trabajo interno te ahorra. También es la que más tiempo tuyo exige al principio, porque dos sesiones de descubrimiento no se hacen solas, y conviene saberlo antes de firmar. Esa diferencia entre precio y coste total está desarrollada en por qué dos presupuestos parecidos esconden precios de diseño web distintos.
Cómo saber si una propuesta web está inflada
Una propuesta inflada se reconoce por el desequilibrio entre lo que describe y lo que concreta. Hay mucha metodología con nombre registrado, muchas fases con títulos en inglés y muy pocos números. Aparecen partidas estratégicas caras que no se traducen en ningún entregable comprobable, del tipo análisis de mercado o definición de territorio de marca sin decir qué documento sale de ahí ni cuántas sesiones lleva. Hay entregables duplicados, la misma tarea contada dos veces con dos nombres distintos.
Otra señal fiable es el exceso de tecnología para el problema. Una web de ocho servicios y un formulario no necesita una arquitectura a medida ni un panel de gestión desarrollado desde cero, y cuando alguien lo propone hay que pedirle que justifique la decisión en términos de negocio. Si la justificación es sólida, perfecto. Si la justificación es que así queda mejor preparado para el futuro, sin más detalle, estás pagando hoy por un futuro que nadie ha definido.
Señales de que una propuesta está vacía
El otro extremo se reconoce igual de rápido. Precio cerrado sin desglose, plazo muy corto, cero preguntas antes de enviar el documento. Esa ausencia de preguntas es la señal más clara de todas. Quien no pregunta nada sobre tu negocio antes de proponer es porque va a aplicarte un proceso estándar, y un proceso estándar entrega un resultado estándar, que puede bastarte o no.
También pesa el vocabulario en condicional. Frases como podríamos incluir, valoraríamos, en función de las necesidades. Todo lo que está en condicional no está contratado. Y un documento sin ninguna exclusión escrita es un documento sin límites definidos, lo que suena bien hasta el día en que pides algo y descubres que ese algo nunca estuvo dentro. Las propuestas serias dicen lo que no hacen, y lo dicen con la misma claridad con la que dicen lo que sí.
Las cinco preguntas que desempatan, en un correo corto
Cuando la tabla está completa suelen quedar dos propuestas muy igualadas. Para romper el empate no hace falta otra reunión, basta con un correo idéntico enviado a las tres empresas el mismo día. Que sea idéntico es importante, porque lo que estás midiendo no es solo la respuesta sino también la velocidad y la forma de responder. Puedes copiar esto tal cual.
Hola NOMBRE, estamos cerrando la decisión esta semana y quiero comparar las propuestas con el mismo criterio. Te agradecería respuesta por escrito a cinco puntos.
1. Cuántas plantillas de diseño distintas entran y cuántas páginas publicadas salen de ellas.
2. Quién redacta los textos de cada página y cuántas revisiones de contenido están incluidas.
3. Qué pasa con las URLs de la web actual, si entra un plan de redirecciones y quién lo ejecuta.
4. Qué incluye exactamente el soporte posterior, durante cuántas semanas y qué queda fuera.
5. A quién pertenecen los archivos de diseño, el código y las licencias al terminar, y qué accesos me entregáis.
Con esas cinco respuestas cerramos. Gracias.
Este correo hace tres cosas a la vez. Obliga a concretar lo que el documento dejaba abierto, iguala las tres propuestas en los puntos que más dinero mueven y te enseña cómo se comunica cada proveedor cuando le pides precisión. La respuesta que llega en un día con cinco puntos ordenados y la que llega en cuatro días proponiendo una llamada para explicarlo no valen lo mismo, y no por la llamada, sino por la disposición a dejar las cosas por escrito.
Una web que no frena a tu marca
Si tu web actual no refleja el nivel real de tu empresa o no genera oportunidades, es momento de replantearla con criterio.
Empresas de diseño web y plazos de entrega, qué es creíble y qué es comercial
El plazo es el criterio que más se manipula y el que menos se audita. Un plazo corto vende, tranquiliza y cierra ventas, y por eso aparece en la portada de muchas propuestas sin que nadie explique de qué depende. El dato relevante no es el número de semanas, es qué cuenta ese número y qué pasa cuando una de las partes se retrasa.
| Plazo anunciado | Qué suele significar | Qué preguntar |
|---|---|---|
| Dos o tres semanas | Plantilla comercial y contenidos aportados por el cliente | Cuenta desde que entrego qué cosa exactamente |
| Cuatro a seis semanas | Proyecto medio con contenidos listos y pocas revisiones | Cuántos días se reservan para mis validaciones |
| Ocho a doce semanas | Descubrimiento, diseño propio y redacción incluida | Qué hitos hay y qué pasa si me retraso en uno |
| Sin plazo escrito | El proyecto avanzará entre otros proyectos | Puedes darme fechas de hito por escrito |
Un plazo creíble tiene tres elementos. Empieza a contar desde un hecho concreto y verificable, normalmente la entrega de materiales o el pago inicial. Está partido en hitos con fechas propias. Y dice qué ocurre si el cliente se retrasa en una validación, porque en la práctica la mayoría de los retrasos son del cliente y una propuesta honesta lo reconoce sin dramatismo. Si quieres el detalle de cómo se reparte el calendario por fases, está desarrollado en los plazos realistas de un proyecto de diseño web.
El plazo comercial se reconoce porque es un número suelto, sin hitos y sin condiciones. Tres semanas, escrito en grande. Cuando preguntas desde cuándo cuenta, la respuesta se vuelve borrosa. Ese plazo no es una previsión, es un argumento de venta, y en cuanto el proyecto arranca deja de existir sin que nadie lo mencione. Compararlo con un plazo detallado de diez semanas y quedarte con el corto es el error de cálculo más caro de esta fase.
Empresas de diseño web y mantenimiento, lo que empieza cuando acaba el proyecto
Una web publicada no es un objeto terminado. Es un sistema que corre sobre software que se actualiza, en un servidor que falla, con formularios que dejan de enviar correos y con contenido que envejece. Comparar propuestas mirando solo la construcción y dejando el mantenimiento para después es comparar la mitad de la decisión.
Conviene separar tres conceptos que las propuestas mezclan a propósito. La garantía es el periodo en el que se corrigen gratis los fallos del trabajo entregado, y debería ser de semanas o meses. El mantenimiento técnico es la cuota recurrente que cubre actualizaciones, copias de seguridad, seguridad y disponibilidad. El soporte de cambios es el tiempo mensual disponible para modificaciones que tú pides. Son tres cosas distintas y las tres pueden facturarse por separado.
En la tabla de normalización anota las tres por separado para cada propuesta, con su importe mensual y su letra pequeña. Un proyecto con una cuota alta y una construcción barata puede salir más caro a tres años que uno con la construcción más cara y una cuota contenida. Ese cálculo a tres años es el que casi nadie hace y el que más cambia el orden de las opciones. Para saber qué debe cubrir esa cuota y en qué rango se mueve, tienes el desglose en mantenimiento web y su precio.
Empresas de diseño web y SEO, qué es base técnica y qué es un servicio aparte
SEO incluido es probablemente la frase más ambigua de todo el sector. Puede significar cosas muy distintas y las tres propuestas que tienes delante la usan con significados diferentes. Hay que romperla en dos bloques y anotarlos por separado, porque uno es una obligación del trabajo y el otro es un servicio continuado con su propio presupuesto.
El primer bloque es la base técnica y no es negociable. Estructura de encabezados coherente, títulos y descripciones únicos por página, URLs limpias, imágenes con texto alternativo y peso controlado, datos estructurados donde correspondan, mapa del sitio enviado, control de indexación y un plan de redirecciones si vienes de otra web. Todo eso forma parte de entregar una web bien hecha, igual que un edificio se entrega con la instalación eléctrica conforme a norma. Si una propuesta lo presenta como un extra opcional, lo que te está diciendo es que sin ese extra entrega una web técnicamente incompleta.
El segundo bloque es el trabajo continuado. Investigación de búsquedas, definición de contenidos a producir, redacción periódica, enlazado, seguimiento de posiciones y ajustes. Eso sí es un servicio aparte, con su equipo y su coste mensual, y ninguna web lo trae de fábrica. Separar los dos bloques en la tabla te evita el desengaño clásico de los tres meses después, cuando descubres que SEO incluido significaba que alguien rellenó unos campos en un plugin y nada más. La relación entre estructura y resultados la tratamos también al hablar de cómo el diseño influye en las conversiones.
Propiedad del trabajo en empresas de diseño web, la cláusula que casi nadie mira
Aquí está el apartado que más disgustos causa y el que menos gente lee antes de firmar. Mientras el proyecto va bien no importa. El día que decides cambiar de proveedor, importa todo. Y ese día llega en un porcentaje alto de los proyectos, a veces por crecimiento y a veces por desgaste.
Hay cinco puntos que deben estar escritos. La propiedad de los archivos de diseño editables, no solo de las imágenes exportadas. La titularidad del dominio, que tiene que estar a nombre de tu empresa y no del proveedor. El acceso al alojamiento con credenciales de administrador. Las licencias de plantillas y extensiones, si son perpetuas, anuales, a tu nombre o al del proveedor. Y qué te llevas si el contrato termina, es decir, si puedes exportar el sitio completo y llevártelo a otro servidor sin depender de nadie.
Quién es el dueño del código de mi web
La respuesta honesta es que depende de lo que ponga el contrato, y que cuando no pone nada la situación queda en una zona incómoda. En un proyecto sobre un gestor de contenidos habitual, buena parte de lo que hay debajo es software de terceros con su propia licencia y nadie es dueño de eso más allá del derecho de uso. Lo que sí puede y debe ser tuyo es el trabajo específico hecho para ti, la maqueta, los estilos, las plantillas y la configuración.
El problema aparece con las licencias en cadena. Muchas empresas trabajan con licencias de agencia que cubren todos los sitios de sus clientes y que dejan de aplicarse el día que te vas. La web no deja de funcionar de golpe, pero se queda sin actualizaciones y sin soporte, y eso con el tiempo se convierte en un riesgo de seguridad. La pregunta exacta que hay que hacer es si las licencias quedan a nombre de mi empresa al terminar y qué coste anual tienen por separado. Que la respuesta sea que van en la cuota es aceptable, siempre que esté escrito.
Referencias de empresas de diseño web, cómo evaluarlas de verdad
Mirar el portafolio sirve de poco por sí solo. Un portafolio enseña el resultado visual y oculta las tres cosas que te interesan, que son cómo fue el proceso, si se cumplió el plazo y si la web sirvió para algo de negocio. Además, las webs de un portafolio pueden estar hechas por un equipo que ya no está o haber sido rediseñadas después por otro proveedor.
Lo que sí funciona es hablar veinte minutos con un cliente anterior. Pide dos referencias de proyectos parecidos al tuyo en tamaño y sector, y pide que sean recientes. Que el proveedor te las dé sin problema ya es una señal. Que te ofrezca solo un nombre y muy antiguo es otra. Cuando tengas la llamada, evita las preguntas que solo admiten un cumplido y usa estas.
- Cuánto tardó el proyecto frente a lo que decía la propuesta, y por culpa de quién fue el retraso.
- Qué apareció después de firmar que no estaba en el documento y cómo se resolvió.
- Quién escribió los textos al final y cuánto tiempo interno os llevó.
- Qué tal fue el mes siguiente a la publicación, con fallos y con dudas.
- Cuánto tardan hoy en responder a una petición pequeña.
- Si volverías a contratarlos y para qué tipo de proyecto no lo harías.
Esa última pregunta es la más útil de las seis. Casi nadie dice que no volvería a contratar a nadie, pero casi todo el mundo es sincero al decir para qué tipo de encargo no los recomendaría. Ahí sale el perfil real del proveedor, sus puntos fuertes y sus límites, mucho mejor que en cualquier documento comercial.
Errores al elegir empresas de diseño web que se repiten siempre
Después de ver bastantes procesos de selección, desde fuera y desde dentro, los fallos se concentran en unos pocos sitios. No son fallos de ingenuidad, casi todos los comete gente con criterio que está decidiendo con la información equivocada o con prisa.
- Comparar importes antes de haber igualado los alcances, que es comparar dos cifras que miden cosas distintas.
- Tomar el número de páginas como medida de trabajo, cuando lo que se diseña son plantillas.
- Dejar los textos sin asignar, la partida que más retrasos provoca en proyectos por lo demás bien planteados.
- Elegir por el plazo más corto sin comprobar desde cuándo cuenta ni qué hitos tiene.
- No calcular el coste a tres años sumando construcción, cuota y soporte de cambios.
- Confiar en un portafolio bonito sin hablar con un solo cliente anterior.
- Aceptar SEO incluido sin separar la base técnica del trabajo continuado.
- Firmar sin leer la cláusula de propiedad, accesos y licencias.
- Pedir cinco o seis propuestas y alargar tanto el proceso que los mejores candidatos se descuelgan.
- Decidir por simpatía en la reunión, que influye siempre y no debería ser el criterio principal.
Hay un error de fondo que engloba a los diez anteriores, y es tratar la elección como una compra puntual cuando es el inicio de una relación de trabajo de varios años. La web se entrega una vez y se mantiene, se amplía y se corrige durante mucho tiempo. El proveedor que elijas va a estar ahí en cada uno de esos momentos, y su forma de responder a un correo de cinco preguntas antes de firmar es una muestra bastante fiel de cómo responderá cuando el formulario deje de funcionar un viernes por la tarde.
Si has llegado hasta aquí con las tres propuestas al lado, el trabajo que queda es de una tarde. Monta la tabla de catorce partidas, vuelca las tres columnas, marca los no mencionados, envía el correo de cinco preguntas y llama a dos clientes anteriores. Con eso tendrás una decisión defendible ante ti mismo y ante quien tenga que aprobar el gasto, que al final es lo único que se le pide a un proceso de selección. Y si después de normalizar sigue habiendo empate, elige a quien más preguntas te hizo antes de escribir su propuesta.
Convierte tu marca en un activo que genera negocio
Diseñamos identidad, estrategia y experiencia para que tu marca no solo se vea bien, sino que venda, posicione y crezca contigo.
Preguntas frecuentes
¿Cuántas propuestas hay que pedir para comparar bien?
Tres es el número que mejor funciona en la práctica. Con dos solo tienes un contraste y la tendencia natural es quedarse con la intermedia sin criterio real. Con cinco o seis el proceso se alarga tanto que los proveedores con agenda se retiran, y suelen ser los que más te interesaban. Tres propuestas te dan un rango y una mediana, y cuando una se desvía mucho en una partida concreta ya sabes dónde investigar.
¿Cómo saber si una propuesta web está inflada?
Mira el equilibrio entre lo que describe y lo que concreta. Mucha metodología con nombre propio y muy pocos números es la primera señal. La segunda son las partidas estratégicas caras que no se traducen en ningún entregable comprobable, sin decir qué documento sale ni cuántas sesiones incluye. La tercera es el exceso de tecnología para el problema, como un desarrollo a medida para una web de ocho servicios y un formulario. Pide siempre la justificación en términos de negocio.
¿Qué partidas no aparecen nunca en una propuesta y luego se cobran?
Las más habituales son la redacción de textos, las imágenes con licencia, la traducción, el consentimiento de cookies, el plan de redirecciones, la accesibilidad básica y la optimización de velocidad. No siempre se omiten con mala intención, muchas veces cada parte da por supuesto que las cubre la otra. La forma de resolverlo es preguntar por escrito antes de firmar, partida por partida, y convertir cada silencio en un acuerdo.
¿Qué significa llave en mano en una web?
Por sí sola no significa nada hasta que viene acompañada de una lista de entregables. Puede ir desde encargarse de todo, incluidos textos, imágenes, legales y analítica, hasta limitarse a montar lo que tú envíes. La prueba más rápida es preguntar qué necesitan de ti para terminar el proyecto. Si la lista que te dan es corta, es llave en mano de verdad. Si es larga y llena de contenidos, el trabajo pesado sigue siendo tuyo.
¿Quién es el dueño del código de mi web cuando acaba el proyecto?
Depende de lo que diga el contrato, y cuando no dice nada la situación queda en una zona ambigua que solo se nota al cambiar de proveedor. El software base suele ser de terceros con su propia licencia, así que ahí solo hay derecho de uso. Lo que sí debería ser tuyo es el trabajo hecho específicamente para ti, junto con el dominio, los accesos de administrador y los archivos de diseño editables. Pregunta además a nombre de quién quedan las licencias de plantillas y extensiones.
¿Qué preguntar a una empresa de diseño web si solo tengo tres preguntas?
Cuántas plantillas de diseño distintas entran y cuántas páginas salen de ellas. Quién redacta los textos y cuántas revisiones de contenido están incluidas. Qué incluye el soporte posterior, durante cuánto tiempo y qué queda fuera. Con esas tres respuestas por escrito distingues casi siempre entre una propuesta de montaje y un proyecto con criterio, y el resto de diferencias suele ser menor.