Cómo diseñar un catálogo de producto profesional paso a paso

Un catálogo de producto profesional es una de las herramientas comerciales más efectivas que una marca puede tener. No es un folleto largo, ni un PDF mal maquetado: es una pieza editorial cuidada que presenta el surtido de productos o servicios de la empresa con un orden, una estética y una lógica que invitan a la compra. Bien hecho, vende. Mal hecho, da una sensación de improvisación que contagia a todo lo que la marca ofrece.

En Brandoon diseñamos catálogos para clientes de muchos sectores: moda, mobiliario, decoración, alimentación gourmet, equipamiento técnico, servicios profesionales. La metodología es siempre la misma porque los principios del diseño de catálogos no dependen del producto: dependen del público, del canal y del nivel de detalle que cada compra requiere. Lo que cambia son las decisiones estéticas concretas; el método está estandarizado.

Este artículo recorre el proceso completo de diseñar un catálogo de producto profesional: desde la fase estratégica previa hasta la producción final, pasando por la estructura, la fotografía, la maquetación, la tipografía y los errores frecuentes que arruinan proyectos por descuido.

Qué es un catálogo de producto y para qué sirve

Un catálogo de producto es una publicación, impresa o digital, que presenta de forma organizada el conjunto de productos o servicios que una marca ofrece. Sirve principalmente como herramienta de venta y de comunicación de marca, pero cumple funciones adicionales: facilita el trabajo del equipo comercial, transmite valor diferencial al cliente, organiza la oferta para el propio equipo interno y se convierte en una pieza de relación con clientes potenciales y consolidados.

A diferencia de la web o el ecommerce, el catálogo es una pieza acabada que se consume en orden secuencial. El lector lo hojea de principio a fin (o lo consulta por secciones) y se forma una impresión completa de la marca a partir de esa experiencia. Por eso el catálogo es a la vez ficha técnica y pieza de marca, herramienta funcional y soporte de comunicación.

Hay catálogos pensados para distintos públicos. El catálogo B2C llega al consumidor final y se centra en la inspiración, la emoción y la fotografía aspiracional. El catálogo B2B sirve a profesionales y prioriza la información técnica, los formatos disponibles, los precios indicativos y los códigos de referencia. El catálogo institucional o de presentación de marca prioriza el storytelling y la construcción de imagen sobre la información de producto detallada.

Antes de empezar a diseñar: la fase estratégica

Un catálogo no se empieza abriendo InDesign. Se empieza con preguntas estratégicas que orientan todas las decisiones posteriores. Saltarse esta fase es la causa principal de catálogos que parecen bonitos pero no funcionan comercialmente.

La primera pregunta es para quién es el catálogo. Identificar al lector objetivo (consumidor final, comprador profesional, distribuidor, prescriptor) condiciona el tono, el nivel de detalle y los elementos que se priorizan. Un catálogo dirigido a arquitectos no se diseña igual que uno dirigido al cliente final.

La segunda pregunta es qué objetivo cumple. ¿Se busca generar leads cualificados? ¿Convertir ventas directas? ¿Presentar el surtido a un comprador profesional? ¿Construir imagen de marca premium? Cada objetivo lleva a decisiones distintas de extensión, fotografía y estructura.

La tercera pregunta es cómo se va a distribuir. ¿Es un catálogo impreso para reparto en ferias y reuniones comerciales? ¿Es un PDF descargable desde la web? ¿Es una pieza para enviar por correo a clientes seleccionados? ¿Es un catálogo interactivo digital que se consulta online? La distribución condiciona el formato, los acabados y la inversión por unidad.

La cuarta pregunta es qué presupuesto hay y qué cantidad se va a producir. Un catálogo de tirada larga tiene más margen para invertir en diseño y menos en coste unitario; un catálogo de tirada corta puede permitirse acabados premium pero exige optimizar las horas de diseño. La ecuación es siempre presupuesto total dividido por unidades, restando lo que se quiere invertir en producción.

De esta fase estratégica deben salir documentos concretos: un brief con público, objetivos y métricas de éxito; un mapa de productos a incluir con sus prioridades comerciales; una propuesta de extensión y formato; un planning de producción.

Estructura de un catálogo de producto profesional

La estructura del catálogo organiza la experiencia del lector. Una buena estructura facilita la navegación, jerarquiza la información y guía la decisión de compra. Estos son los bloques que aparecen en la mayoría de catálogos profesionales bien planteados.

Portada

La portada es la primera impresión y determina si el lector siquiera abre el catálogo. Debe transmitir carácter de marca, sugerir el contenido sin describirlo literalmente y resultar atractiva como pieza visual independiente. Para catálogos estacionales, la portada también funciona como hito temporal: «Otoño-Invierno 2026», «Edición Limitada», «Nueva Colección».

Página o doble página de apertura

La apertura es el primer contacto con el contenido. Habitualmente incluye un mensaje editorial de la marca: una carta del fundador, una declaración de intenciones de la colección, un manifiesto visual. Es el momento de conectar emocionalmente con el lector antes de entrar en producto.

Índice o sumario

El índice permite navegar. En catálogos cortos puede integrarse con la apertura; en catálogos más largos es una página o doble página dedicada. La paginación debe ser clara y, en catálogos densos, conviene incluir referencias visuales (miniaturas, iconos) además del listado textual.

Secciones de producto

Son el cuerpo principal del catálogo. Se organizan por familia de producto, por estilo, por uso, por sector destinatario o por cualquier otro criterio que tenga sentido para el público. Cada sección suele empezar con una portadilla que la introduce visualmente y se cierra antes de pasar a la siguiente.

Fichas de producto

Cada producto tiene su ficha. Una ficha bien construida incluye nombre del producto, código de referencia, descripción breve, datos técnicos relevantes, fotografía principal, fotografías secundarias o de detalle, precio orientativo o de tarifa (cuando aplica) y, opcionalmente, recomendaciones de uso o casos de aplicación.

Páginas de servicio o información adicional

Muchos catálogos incluyen páginas dedicadas a información de servicio: cómo hacer un pedido, condiciones de venta, gama de personalización, instalación, garantía, sostenibilidad, certificaciones, datos de la empresa. Estas páginas no venden directamente pero refuerzan la confianza y resuelven dudas del comprador.

Contraportada

La contraportada cierra el catálogo. Suele incluir información de contacto: web, dirección, teléfono, redes sociales. Muchas marcas la usan también para un último mensaje visual o un CTA: «Visita nuestro showroom», «Pide muestras», «Habla con tu distribuidor».

maquetacion paginas catalogo producto subido a Qué es la identidad visual corporativa y cómo definirla

Fotografía de producto: el ingrediente decisivo

La fotografía es probablemente el elemento que más determina la efectividad de un catálogo. Una mala fotografía hunde el catálogo aunque el resto del diseño sea impecable. Una buena fotografía eleva el catálogo aunque haya pequeñas imperfecciones en otros frentes.

La fotografía de catálogo cumple dos funciones: mostrar el producto con fidelidad (qué es exactamente, cómo se ve, qué tamaño tiene, qué color real) y aspiracionalmente vincularlo a un contexto deseable (cómo se ve en uso, qué estilo de vida sugiere, qué emoción transmite). Algunos catálogos priorizan una función sobre la otra; los mejores combinan las dos.

Fotografía técnica de producto

La fotografía técnica es la que muestra el producto sin contexto, normalmente sobre fondo blanco o neutro, con iluminación que destaca cada detalle. Es la fotografía que aparece en fichas técnicas, ecommerce y catálogos B2B. Su valor está en la claridad y la fidelidad: el comprador debe poder ver exactamente lo que compra.

Fotografía de contexto o lifestyle

La fotografía de contexto muestra el producto en uso, en su entorno natural, integrado en una escena. Es la que conecta emocionalmente con el comprador y comunica el estilo de vida asociado a la marca. Es fundamental en catálogos B2C y de marcas con componente aspiracional.

Fotografía de detalle

Los detalles son cruciales en productos donde la calidad se manifiesta en pequeños rasgos: textura de un tejido, acabado de una madera, costura de una pieza, mecanismo de un objeto técnico. Las fotos de detalle aportan información que las fotos generales no pueden mostrar y construyen percepción de calidad.

Coherencia entre fotografías

Todas las fotografías del catálogo deben tener coherencia: tratamiento cromático, estilo de iluminación, registro emocional, calidad técnica. Mezclar fotos de sesiones distintas con criterios diferentes rompe la coherencia y resta profesionalidad. Si hay que mezclar fotos de varias fuentes, conviene pasarlas por un proceso de uniformización en postproducción.

Maquetación de las páginas: principios prácticos

La maquetación es lo que organiza visualmente el contenido en cada página. Una buena maquetación equilibra densidad de información, espacio en blanco, jerarquía visual y ritmo entre páginas.

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Retícula compartida

Toda la maquetación debe construirse sobre una retícula compartida que asegure coherencia entre páginas. Lo habitual son retículas de dos a cuatro columnas, con márgenes generosos y espacios definidos entre elementos. La retícula es invisible para el lector pero es lo que hace que la publicación se sienta ordenada.

Variedad dentro de la coherencia

La maquetación debe ser variada para no aburrir. Páginas con una ficha por página, dobles páginas con varias fichas, despliegues fotográficos a sangre, páginas tipográficas sin imagen: alternar formatos da ritmo y mantiene la atención del lector. Pero esa variedad debe vivir dentro de la coherencia del sistema; nunca debe ser ruptura caprichosa.

Espacio en blanco

El espacio en blanco no es desperdicio: es uno de los recursos más valiosos del diseño editorial. Productos premium piden más espacio en blanco que productos masivos. Catálogos aspiracionales priorizan el aire por encima de la cantidad de información. El espacio en blanco también jerarquiza: lo que tiene más espacio alrededor se percibe como más importante.

Integración de texto e imagen

El texto y la imagen deben dialogar, no superponerse ni competir. Lo más eficiente suele ser separar visualmente la imagen del texto, dándole a cada uno su propio espacio. Cuando se sobrepone texto sobre imagen, hay que asegurar contraste suficiente para que la lectura sea cómoda.

Tipografía: la voz del catálogo

La tipografía aporta voz al catálogo. Una tipografía con peso comunica solvencia y producto premium; una tipografía ligera comunica delicadeza y producto minimalista; una tipografía técnica comunica precisión y producto industrial. La elección debe alinearse con la marca y con el tono que se quiere transmitir.

Un sistema tipográfico para catálogo incluye normalmente dos familias: una para titulares (más expresiva, con personalidad) y otra para cuerpos de texto (centrada en legibilidad). Los pesos se definen para cada función: nombre de producto, código, descripción, ficha técnica, precio.

El cuerpo del texto se compone con un tamaño que permita lectura cómoda. Para catálogos impresos suele estar entre 8 y 10 puntos, con interlineado generoso. En digital, los tamaños se ajustan a las convenciones de pantalla.

Las jerarquías tipográficas deben ser claras. El nombre del producto debe distinguirse a primera vista del código de referencia, de la descripción y de la ficha técnica. Esa distinción se consigue con tamaño, peso, color o posición; idealmente con varios de estos recursos combinados.

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Paleta cromática del catálogo

La paleta del catálogo debe ser coherente con la paleta general de la marca, pero puede tener especificidades propias. Algunos catálogos usan una paleta neutra que deja protagonismo total al producto fotografiado; otros usan colores institucionales fuertes; otros aplican colores estacionales que se asocian al lanzamiento de la colección.

El color en el catálogo cumple varias funciones: identifica secciones, jerarquiza información, refuerza la marca, marca categorías de producto. Cada función debe usarse con disciplina para no diluir el sistema. Si los colores se usan al azar, dejan de funcionar como código.

En catálogos impresos, hay que considerar el sistema cromático (CMYK, Pantone) y prever cómo se va a imprimir cada elemento. Los colores corporativos críticos suelen imprimirse con tintas Pantone para garantizar fidelidad. Los colores secundarios se trabajan en CMYK.

Formato y dimensiones del catálogo

La elección de formato afecta a costes, manejabilidad y percepción. Estos son los formatos más habituales y sus implicaciones.

El A4 (210 x 297 mm) es el formato estándar más extendido. Es fácil de imprimir, fácil de archivar, fácil de enviar por correo y compatible con sobres estándar. Es la opción por defecto para catálogos profesionales y B2B.

El A5 (148 x 210 mm) es la mitad del A4. Más manejable, más íntimo, más económico de producir. Adecuado para catálogos de menos páginas o piezas con vocación de regalo o muestrario.

El formato cuadrado (por ejemplo 210 x 210 mm) tiene una personalidad propia, más asociado a marcas creativas y aspiracionales. Es menos eficiente en cuanto a aprovechamiento del papel pero comunica intencionalidad.

Los formatos custom (a medida) permiten diferenciarse pero encarecen la producción y dificultan la distribución por correo. Se reservan para catálogos premium donde la pieza forma parte de la experiencia de marca.

El número de páginas debe ser múltiplo de cuatro por razones de impresión. Lo habitual es entre 24 y 80 páginas para catálogos comerciales medios. Catálogos más extensos suelen ser memorias o libros corporativos.

Producción y acabados: lo que comunica el papel

En catálogos impresos, los acabados son parte del mensaje. Un catálogo en papel barato comunica producto barato, aunque el contenido sea de calidad. Un catálogo con acabados premium eleva la percepción del producto que muestra.

Elección del papel

El papel cuenta una historia. Un papel estucado mate transmite elegancia contenida; un estucado brillante transmite color vivo y producto comercial; un papel offset (no estucado) transmite proximidad y artesanía; un papel kraft transmite sostenibilidad y autenticidad. Cada decisión condiciona la lectura del catálogo.

El gramaje también importa. Un papel demasiado fino se siente flojo; un papel demasiado grueso encarece sin aportar. Para interiores, entre 120 y 170 gramos es lo habitual. Para portadas, entre 250 y 350 gramos, dependiendo del acabado.

Encuadernación

La encuadernación se elige según el número de páginas y el uso. Grapado (encuadernación a caballete) para catálogos cortos hasta unas 64 páginas. Cosido o rústica fresada para catálogos medianos. Tapa dura para piezas premium o libros corporativos. Cosido japonés o encuadernación con anillas para casos especiales.

Acabados especiales

Barniz UV (selectivo o total), plastificado mate o brillo, estampaciones metálicas, troqueles, relieves, cantos pintados: todos los acabados especiales encarecen el coste pero pueden ser parte del mensaje. Una marca premium puede justificar inversión en acabados; una marca de masas no.

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Catálogo digital y catálogo interactivo

El catálogo digital es cada vez más relevante. Algunas marcas distribuyen exclusivamente en digital; muchas combinan versión impresa con versión digital. Las dos versiones tienen requisitos distintos.

El catálogo digital básico es un PDF descargable desde la web. Es la forma más sencilla y más económica de distribuir digitalmente. Conviene optimizar el peso del PDF (comprimir imágenes sin perder calidad apreciable) para que la descarga sea rápida.

El catálogo digital interactivo va más allá. Permite navegación por enlaces internos, búsqueda, vídeo integrado, enlaces externos a la web o al ecommerce. Plataformas como Issuu, Flipsnack, Publuu o Joomag facilitan crear estos catálogos sin necesidad de programación. La inversión adicional se justifica cuando el catálogo es la pieza principal de comunicación digital.

El catálogo web (catálogo dentro de la propia web de la marca) es otra opción. Aprovecha el SEO del sitio, permite actualización continua y se integra con el ecommerce si lo hay. Pero pierde el carácter de pieza acabada y secuencial que tienen el catálogo impreso o el PDF.

Errores frecuentes al diseñar un catálogo de producto

Los catálogos que fallan suelen fallar por errores que se repiten una y otra vez. Identificarlos antes de empezar evita rehacer el proyecto al final.

El primer error es no haber definido la estrategia antes de diseñar. Catálogos preciosos que no encajan con el público o con el canal de distribución son producto de saltarse la fase estratégica.

El segundo error es usar fotografía de baja calidad o de fuentes inconsistentes. La fotografía es decisiva; ahorrar en fotografía suele ser el ahorro más caro del proyecto.

El tercer error es saturar las páginas. Querer meter mucho contenido por página da sensación de aprovechamiento pero hace el catálogo agotador de leer. El espacio en blanco es necesario.

El cuarto error es no tener un sistema tipográfico claro. Múltiples tipografías mezcladas sin orden generan ruido visual y diluyen la identidad.

El quinto error es no probar la impresión real antes de la tirada completa. Lo que se ve en pantalla no es lo que se ve impreso. Una prueba real permite ajustar antes de imprimir cientos o miles de unidades.

El sexto error es ignorar la coherencia con el resto de comunicación de la marca. Un catálogo que no parece de la misma marca que la web o las redes sociales transmite confusión y falta de criterio.

El séptimo error es no actualizar el catálogo cuando cambian productos, precios o referencias. Un catálogo desactualizado pierde valor como herramienta de venta y daña la credibilidad de la marca.

Proceso de trabajo para diseñar un catálogo

Un proyecto de catálogo bien organizado sigue un proceso ordenado. Estos son los pasos típicos en un proyecto de tres a cuatro meses, que es lo habitual para catálogos profesionales completos.

Fase 1, semanas 1 a 2: brief estratégico, mapa de producto, definición de objetivos y validación del alcance. Sale un documento de proyecto aprobado por todas las partes.

Fase 2, semanas 3 a 4: definición del concepto creativo, propuesta de estructura, retícula y sistema tipográfico. Se presentan opciones al cliente y se selecciona la dirección.

Fase 3, semanas 5 a 6: producción fotográfica (si hace falta hacer fotos nuevas) y redacción de textos. Esta fase puede solaparse con la siguiente si los recursos lo permiten.

Fase 4, semanas 7 a 10: maquetación completa del catálogo. Es la fase más larga y la que exige más iteraciones. El cliente revisa por bloques, no al final, para evitar acumular cambios.

Fase 5, semanas 11 a 12: revisión final, corrección de estilo, ajustes y cierre. Se preparan los archivos de producción.

Fase 6, semanas 13 a 16: producción (impresión o publicación digital). Si es impreso, se hace una prueba de imprenta antes de la tirada completa. Si es digital, se publica y se difunde.

Inversión en un catálogo profesional

El presupuesto de un catálogo varía mucho según el alcance. Estos son los rangos orientativos para catálogos comerciales en España.

Un catálogo pequeño (entre 16 y 32 páginas, formato A5 o A4, fotografía existente, tirada corta) puede situarse entre 1500 y 3500 euros de diseño, más entre 500 y 1500 euros de impresión según tirada y acabados.

Un catálogo medio (entre 40 y 80 páginas, formato A4, fotografía mixta nueva y existente, tirada media) se sitúa habitualmente entre 4000 y 10000 euros de diseño, más entre 1500 y 5000 euros de impresión.

Un catálogo grande o premium (más de 80 páginas, fotografía completa nueva, acabados especiales, tirada larga) puede partir de 12000 euros de diseño y la impresión depende mucho de la tirada, el papel y los acabados.

Estos rangos no incluyen la sesión fotográfica, que se presupuesta aparte. Una sesión de fotografía de producto profesional para un catálogo medio puede costar entre 2000 y 8000 euros según el número de referencias y la complejidad de la producción.

Coordinación entre diseñador, fotógrafo y copywriter

Un catálogo profesional rara vez es trabajo de una sola persona. Detrás suele haber al menos un diseñador, un fotógrafo y un copywriter, y la coordinación entre los tres condiciona la calidad del resultado tanto como el talento individual de cada uno.

La fase inicial debe reunir a los tres perfiles alrededor del brief estratégico. Cuando el fotógrafo entiende la maquetación que va a integrar sus imágenes, hace fotos pensadas para esa maquetación. Cuando el copywriter conoce el espacio que ocupará cada texto, escribe ajustando longitudes y tono. Cuando el diseñador anticipa qué fotos y qué textos va a recibir, plantea retículas que los integran con naturalidad.

La producción fotográfica debe planificarse a partir del shot list que define el diseñador. Por cada producto se especifica qué fotos hacen falta: foto principal de catálogo, foto de detalle, foto de contexto, foto técnica de ficha. Sin este shot list, el fotógrafo trabaja sin guía y termina entregando fotos que no encajan exactamente con lo que la maquetación necesita.

El copy de catálogo se escribe con el lector objetivo en mente. Los textos comerciales largos cansan; los textos demasiado breves pueden parecer poco profesionales. Lo recomendable son párrafos cortos, frases directas, descripciones que combinen información objetiva con sugerencia emocional. El copywriter debe conocer las restricciones de espacio antes de empezar para no escribir textos que después haya que recortar bruscamente.

La revisión cruzada entre los tres perfiles antes de cerrar el catálogo es buena práctica. El fotógrafo revisa que sus imágenes se han integrado correctamente. El copywriter revisa que sus textos no han sufrido ediciones que cambien el sentido. El diseñador escucha estas revisiones y ajusta lo necesario. Este diálogo final eleva la calidad y evita errores frustrantes que solo se descubren cuando la pieza ya está impresa.

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Casos prácticos: catálogos por sector

El diseño de un catálogo se adapta al sector y al producto. Lo que funciona en un catálogo de muebles no funciona necesariamente en un catálogo de equipos médicos. Estos son los enfoques que suelen funcionar en distintos sectores.

En catálogos de mobiliario y decoración, la fotografía de contexto es decisiva. Mostrar las piezas en estancias reales (o ambientadas) ayuda al cliente a proyectarlas en su propio espacio. La maquetación suele combinar dobles páginas con fotografía a sangre con páginas más densas de ficha técnica. La paleta de la publicación se mantiene neutra para que las piezas tengan protagonismo cromático.

En catálogos de moda, el ritmo editorial se acerca al de una revista. Editoriales fotográficos extensos alternan con fichas más informativas. La portada juega un papel clave como pieza de comunicación de temporada. La paleta cambia con cada colección, manteniendo la identidad de marca como hilo conductor.

En catálogos de alimentación gourmet o productos premium, la fotografía cuida especialmente la luz, las texturas y los detalles. La descripción de cada producto incluye notas sensoriales que ayudan al cliente a imaginar la experiencia. Los acabados de papel y encuadernación se cuidan para reforzar la sensación premium.

En catálogos B2B técnicos (industrial, equipamiento profesional, componentes), la información domina sobre la inspiración. Fichas técnicas detalladas, tablas de especificaciones, planos, cotas, certificaciones, esquemas de uso. La maquetación se diseña para densidad alta con jerarquía clara que facilite la consulta rápida.

En catálogos de servicios profesionales (consultoría, despachos, agencias), el catálogo se convierte en presentación de capacidades y casos de éxito. La fotografía documental (equipo, oficinas, clientes) se combina con narrativa de proyecto. La maquetación se acerca al diseño editorial corporativo de memorias.

En catálogos de cosmética y belleza, la fotografía de producto se cuida al máximo con bodegones, primeros planos y aplicaciones sobre piel real. Las paletas suelen estar muy alineadas con el packaging de los productos para reforzar la coherencia visual entre catálogo y producto físico.

Preguntas frecuentes

¿Cuántas páginas debe tener un catálogo de producto?

Depende del surtido y del objetivo. Catálogos breves de presentación pueden tener 16 a 24 páginas. Catálogos comerciales medios suelen estar entre 40 y 80 páginas. Catálogos extensos de gran surtido pueden superar las 100 páginas. El número siempre debe ser múltiplo de cuatro por razones de impresión.

¿Qué formato es mejor para un catálogo profesional?

El A4 (210 x 297 mm) es el más versátil y el más usado en catálogos profesionales. Es manejable, fácil de imprimir, fácil de archivar y compatible con sobres estándar. Para catálogos más pequeños o piezas íntimas, el A5 funciona bien. Los formatos cuadrados o custom se reservan para marcas con vocación creativa o piezas premium.

¿Qué programa se usa para diseñar catálogos?

Adobe InDesign es el estándar profesional. Es la herramienta que mejor gestiona páginas múltiples, estilos, retículas y exportación a producción. Affinity Publisher es una alternativa válida con licencia única. Word o PowerPoint no son adecuados para catálogos serios porque no tienen las herramientas necesarias.

¿Es mejor catálogo impreso o digital?

Depende del público y del canal. El catálogo impreso sigue siendo muy efectivo para reuniones comerciales, ferias y entrega en mano. El catálogo digital tiene la ventaja del coste, la inmediatez y la posibilidad de actualización. Muchas marcas combinan los dos formatos: imprimen una versión corta para ocasiones presenciales y mantienen el catálogo completo en digital.

¿Cuánto tarda diseñar un catálogo profesional?

Un catálogo medio bien hecho lleva entre tres y cuatro meses, incluyendo fase estratégica, definición creativa, producción fotográfica, maquetación, revisiones y producción. Catálogos exprés en menos tiempo suelen saltarse la fase estratégica o la producción fotográfica, lo que se nota en el resultado final.

¿Hay que hacer fotografía nueva o se puede usar fotografía existente?

Idealmente fotografía nueva pensada específicamente para el catálogo. Cuando se reutilizan fotos existentes, conviene revisar que tengan calidad suficiente, coherencia entre sí y resolución adecuada para el tamaño en que van a aparecer. Si la fotografía existente es heterogénea, el catálogo se va a sentir improvisado por mucho que la maquetación sea correcta.

¿Con qué frecuencia hay que actualizar el catálogo?

Depende de la rotación del surtido. Sectores con poca rotación (mobiliario clásico, equipamiento técnico) pueden mantener el mismo catálogo dos o tres años. Sectores con rotación alta (moda, decoración estacional) exigen catálogos semestrales o anuales. En cualquier caso, conviene revisar precios y referencias al menos una vez al año para mantener el catálogo creíble como herramienta de venta.

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