
Es una escena que se repite en cualquier estudio de diseño: un cliente abre el paquete de sus tarjetas recién impresas y pregunta por qué el azul de su logotipo, tan vivo en la pantalla, ha llegado «apagado» al papel. No es un fallo de la imprenta. Es la diferencia entre CMYK y RGB, y en la mayoría de los casos también entra en juego un tercer sistema: Pantone.
En Brandoon gestionamos color en proyectos que van de la pantalla a la tinta prácticamente a diario, y esta confusión entre modelos de color es, con diferencia, el origen técnico más frecuente de incidencias de preimpresión. Entenderla bien evita reimpresiones, retrasos y presupuestos que se disparan por un archivo mal configurado.
No es un problema exclusivo de clientes sin formación técnica: incluso diseñadores con experiencia cometen fallos de gestión de color cuando un proyecto crece y empieza a moverse entre web, papelería, packaging y textil casi al mismo tiempo, cada uno con su propio sistema de referencia.
Este artículo explica, con criterio técnico y ejemplos de producción real, qué es cada sistema, en qué se diferencian, cuándo usar cada uno y cómo convertir entre ellos sin perder la fidelidad de color que tanto ha costado definir en la fase de diseño.
Si lo que buscas es cómo elegir los colores de tu marca desde una perspectiva estratégica, ese proceso lo tratamos en detalle en nuestra guía sobre cómo elegir la paleta de colores de tu marca. Aquí nos centramos en la parte técnica: cómo se comporta el color según el medio en el que se reproduce, y qué sistema corresponde a cada uno.
Qué es el modelo RGB y cómo funciona
RGB son las siglas de Red, Green y Blue (rojo, verde y azul), los tres colores de luz que, combinados en distintas intensidades, generan todos los tonos visibles en una pantalla. Es un modelo de color aditivo: parte del negro, ausencia de luz, y suma intensidades de cada canal hasta llegar al blanco, que se obtiene con los tres canales al máximo.
Cada canal RGB se expresa habitualmente en una escala de 0 a 255, lo que da como resultado más de 16 millones de combinaciones posibles. Es el modelo que utilizan monitores, televisores, smartphones, cámaras digitales y cualquier dispositivo que emita luz para formar una imagen.
En entornos web, el RGB se traduce habitualmente a notación hexadecimal, por ejemplo #1A73E8, una forma abreviada de expresar esos mismos tres valores en base 16. Es el formato que maneja cualquier hoja de estilos CSS y el que solicitan la mayoría de herramientas de diseño de interfaces.
Trabajar en RGB tiene una ventaja clara: es el modelo con la gama cromática más amplia de los tres que trata este artículo, lo que permite reproducir colores muy vivos y saturados —verdes fluorescentes, azules eléctricos— que ni el CMYK ni, en algunos casos, ni siquiera Pantone pueden igualar sobre un soporte físico.
Qué es el modelo CMYK y cómo funciona
CMYK corresponde a Cyan, Magenta, Yellow y Key (negro), los cuatro colores de tinta que se superponen sobre el papel para generar el resto de tonos. A diferencia de RGB, es un modelo sustractivo: parte del blanco del soporte y va restando luz a medida que se añade tinta, hasta llegar a zonas oscuras o negras.
La mezcla de cian, magenta y amarillo a máxima intensidad no produce un negro puro, sino un marrón oscuro y poco definido. Por eso se añade un cuarto canal, el negro o key, que aporta la densidad y el contraste que la mezcla de los tres colores no puede lograr por sí sola, especialmente en textos y detalles finos.
CMYK es el estándar de la industria de impresión, tanto en impresión digital como en offset. Cualquier archivo que vaya a producirse en tinta —folletos, packaging, revistas, tarjetería— debe convertirse a este modelo en algún momento del proceso, idealmente antes de la fase de diseño y no como un ajuste de última hora.
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Qué es Pantone y en qué se diferencia de RGB y CMYK
Pantone no es un modelo de color en el mismo sentido que RGB o CMYK: es un sistema de identificación de tintas directas, también llamado Pantone Matching System (PMS). Cada color Pantone es una tinta premezclada con una fórmula fija, identificada con un código numérico, que se aplica directamente sobre el soporte sin pasar por la superposición de cian, magenta, amarillo y negro.
Pantone Inc. desarrolló este sistema en 1963, cuando Lawrence Herbert, al frente de la compañía, decidió estandarizar la identificación de tintas para resolver un problema muy simple: dos imprentas distintas podían recibir el encargo de un «rojo corporativo» y producir dos rojos completamente distintos. Esa estandarización, más de sesenta años después, sigue siendo la razón de ser del sistema.
Esta diferencia técnica tiene una consecuencia práctica enorme: un color Pantone es exactamente el mismo en cualquier imprenta del mundo que trabaje con el sistema, porque no depende de cómo se combinen varios canales sino de una fórmula de tinta estandarizada. Un color CMYK, en cambio, puede variar ligeramente según la máquina, el papel o el perfil de color utilizado.
El sistema Pantone Matching System (PMS)
El PMS cataloga miles de colores mediante un código alfanumérico, por ejemplo Pantone 186 C para un rojo característico de marca, que cualquier imprenta puede reproducir consultando su guía física de referencia. Esta estandarización es la razón por la que las identidades corporativas que exigen máxima consistencia cromática se definen siempre con un Pantone de referencia.
Pantone Coated (C) y Uncoated (U)
Cada color Pantone existe en dos versiones según el tipo de papel: Coated (C), para papel estucado o satinado, y Uncoated (U), para papel no estucado o mate. El mismo código numérico produce un resultado visual distinto según el acabado del soporte, porque la tinta se comporta de forma diferente al absorberse en cada tipo de papel. Especificar la versión correcta es un detalle que muchos diseñadores junior pasan por alto y que puede alterar sensiblemente el resultado final.
Modelos de color: aditivo, sustractivo y de tintas directas
Los tres sistemas que hemos descrito responden a tres lógicas distintas, y entender esa lógica de base ayuda a recordar cuándo corresponde usar cada uno.
| Sistema | Tipo | Base | Uso principal |
|---|---|---|---|
| RGB | Aditivo | Luz (canales R, G, B) | Pantalla y medios digitales |
| CMYK | Sustractivo | Tinta superpuesta (C, M, Y, K) | Impresión digital y offset a todo color |
| Pantone (PMS) | Tinta directa | Fórmula de tinta premezclada | Tintas planas, packaging, identidad corporativa |
Pensarlo como una analogía ayuda: RGB es como apagar la luz de una habitación e ir encendiendo focos de color hasta llegar al blanco; CMYK es como partir de una hoja en blanco e ir tapándola con capas de tinta translúcida hasta llegar al negro; Pantone es simplemente elegir un bote de pintura ya mezclado con la fórmula exacta que necesitas, sin sumar ni restar nada.
Diferencia entre CMYK y RGB: gama cromática y percepción
La diferencia entre CMYK y RGB que más consecuencias prácticas tiene es la gama cromática, también llamada gamut: el conjunto de colores que cada sistema es capaz de reproducir. RGB cubre una gama mucho más amplia que CMYK, lo que significa que existen millones de colores visibles en pantalla que, sencillamente, no tienen equivalente exacto en tinta.
Cuando un color RGB muy saturado se convierte a CMYK, el software tiene que sustituirlo por el color más próximo que sí es imprimible, un proceso que en fotografía y diseño se conoce como mapeo de gama. El resultado casi siempre es una pérdida de saturación: el color impreso se percibe más apagado que el que se veía en pantalla, aunque el archivo esté técnicamente bien convertido.
Esto explica el problema con el que abríamos este artículo: no es un fallo de la imprenta ni un error de la máquina, es una limitación física de cómo se genera el color en cada sistema. La luz emitida siempre va a permitir tonos más vivos que la tinta reflejada sobre un soporte físico.

Los colores más problemáticos en esta conversión suelen ser los azules eléctricos, los verdes fluorescentes y algunos naranjas muy saturados. Son, no por casualidad, colores muy usados en diseño digital y que generan más de una sorpresa desagradable cuando un proyecto pasa de pantalla a imprenta sin una revisión previa.
CMYK vs RGB vs Pantone: tabla comparativa
| Criterio | RGB | CMYK | Pantone |
|---|---|---|---|
| Tipo de modelo | Aditivo (luz) | Sustractivo (tinta superpuesta) | Tinta directa premezclada |
| Gama de color | Muy amplia | Media-reducida | Variable; algunos tonos superan a CMYK |
| Consistencia entre proveedores | Alta (estándar de pantalla) | Media (depende del perfil ICC) | Muy alta (fórmula fija) |
| Coste en impresión | No aplica | Medio (4 tintas) | Variable; 1-3 tintas suele salir más barato que 4 |
| Uso principal | Pantallas, web, apps | Impresión a todo color | Identidad corporativa, packaging, textil |
Cuándo usar cada modelo de color: pantalla, impresión digital y tintas planas
La pregunta que de verdad importa no es qué sistema es «mejor», sino qué sistema corresponde al medio final donde va a vivir el diseño. Esta decisión debería tomarse al principio del proyecto, no al final.
RGB para pantalla y medios digitales
Cualquier contenido que vaya a verse exclusivamente en una pantalla —sitios web, aplicaciones, redes sociales, presentaciones, vídeo— debe diseñarse y exportarse en RGB. Convertir estos archivos a CMYK no aporta ninguna ventaja y, de hecho, puede hacer que los colores se vean menos vivos de lo que permite la pantalla del usuario. Si además quieres entender cómo ese color digital influye en la percepción de tu marca online, lo desarrollamos en el impacto del color en el diseño web.
CMYK para impresión digital y offset a todo color
Folletos, catálogos, packaging impreso a todo color, revistas y cualquier pieza que combine múltiples tonalidades en una tirada de impresión digital u offset deben trabajarse en CMYK desde el inicio del diseño, no convertirse al final. Diseñar directamente en CMYK permite anticipar cómo se van a comportar los colores antes de que el archivo llegue a la imprenta.
Pantone para tintas planas, packaging e identidad corporativa
Cuando la consistencia cromática es crítica —el color corporativo de una marca, un packaging con tintas planas, una serigrafía textil— Pantone es la opción técnica correcta. Es también el sistema habitual cuando se imprime con uno, dos o tres colores en lugar de cuatricromía completa, porque reduce costes de producción y garantiza un resultado idéntico en cada tirada.
En los proyectos de identidad visual corporativa que desarrollamos en Brandoon, el color Pantone de referencia se define desde la primera fase del proyecto, precisamente para que ese mismo tono se pueda trasladar sin ambigüedad a papelería, señalética, textil o cualquier soporte físico que la marca necesite en el futuro.
Cómo convertir correctamente entre RGB, CMYK y Pantone
La conversión entre sistemas no es un simple cambio de modo de color en el menú de un programa. Es un proceso técnico que, mal ejecutado, es la causa de la mayoría de sorpresas desagradables en la fase de impresión.
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De RGB a CMYK sin perder saturación
Antes de convertir, conviene revisar qué colores del diseño están fuera de la gama CMYK utilizando la vista de «advertencia de gama» disponible en Photoshop e Illustrator. Esto permite identificar y ajustar manualmente los tonos más problemáticos antes de que la conversión automática decida por ti qué sustituto usar.
Una vez revisados los colores críticos, la conversión debe hacerse especificando el perfil de color correcto, que vemos en el siguiente apartado, y no dejando la opción por defecto del programa, que en ocasiones no coincide con el perfil que utiliza la imprenta final.
De Pantone a CMYK: equivalencias y sus límites
La mayoría de software de diseño ofrece una conversión automática de cada Pantone a su equivalente CMYK más cercano. Es una aproximación útil, pero hay que ser conscientes de sus límites: algunos Pantone, especialmente metálicos, fluorescentes o muy saturados, no tienen un equivalente fiel en cuatricromía y la conversión puede alejarse notablemente del color original.
Por eso, cuando la fidelidad de un Pantone específico es crítica para una marca, la recomendación técnica es imprimir ese color como tinta plana siempre que el presupuesto y la técnica de impresión lo permitan, en lugar de conformarse con su aproximación en CMYK.
Perfiles de color ICC: FOGRA, ISO Coated y SWOP
Un perfil de color ICC define con precisión matemática cómo se comporta un dispositivo o un proceso de impresión concreto: qué gama de color es capaz de reproducir, sobre qué tipo de papel y con qué tecnología de impresión. Sin un perfil correctamente asignado, dos archivos idénticos pueden imprimirse con resultados distintos en dos imprentas diferentes.
| Perfil ICC | Uso habitual | Región |
|---|---|---|
| FOGRA39 / FOGRA51 | Offset en papel estucado | Europa |
| ISO Coated v2 | Impresión comercial, catálogos, folletos | Europa |
| U.S. Web Coated (SWOP) v2 | Impresión offset comercial | Norteamérica |
Antes de entregar un archivo a producción, lo más seguro es preguntar directamente a la imprenta qué perfil ICC utiliza y configurar el documento con ese perfil desde el principio, en lugar de asumir un estándar genérico que puede no coincidir con su proceso real.
Preparar el archivo final para imprenta: resolución, sangrado y formato
Una conversión de color correcta puede echarse a perder si el resto del archivo no está preparado para producción. La resolución de las imágenes debe estar a 300 ppp en su tamaño final, nunca ampliada después desde una resolución menor, porque el resultado impreso se percibirá borroso independientemente de lo bien que esté gestionado el color.
El sangrado —el margen adicional de entre 2 y 5 milímetros que se extiende más allá del área de corte final— evita que aparezcan líneas blancas en los bordes si el corte de la guillotina se desvía ligeramente, algo que ocurre con más frecuencia de la que gustaría admitir en tiradas grandes. El formato de exportación recomendado para producción profesional es PDF/X-1a o PDF/X-4, estándares pensados específicamente para minimizar errores de color y de fuentes en la fase de impresión.
Cómo elegir un Pantone para el color corporativo de una marca
Elegir el Pantone de referencia de una marca no es solo cuestión de gusto: conviene partir del color ya validado en la fase de diseño, definido en RGB o directamente sobre el círculo cromático de la propuesta, y buscar dentro de la guía física Pantone el tono que más se le aproxima en condiciones de luz estándar D50, la referencia habitual en artes gráficas.
Es importante resistir la tentación de elegir el Pantone únicamente mirando una pantalla, porque ningún monitor sin calibrar reproduce con fidelidad absoluta cómo se va a ver la tinta física. La guía impresa —el abanico de muestras físicas que edita Pantone— sigue siendo la referencia más fiable, incluso en estudios con equipos de última generación.
Una vez seleccionado, ese código Pantone se convierte en el ancla de todo el sistema de color de la marca: a partir de él se calculan las equivalencias en CMYK para impresión a todo color, en RGB para pantalla y en hexadecimal para web. Todas esas equivalencias, alineadas a partir de un único Pantone de referencia, son las que mantienen la coherencia de la marca en cualquier soporte futuro.
También conviene evitar Pantones extremadamente saturados o metálicos como color único de marca si se prevé un uso intensivo en impresión digital de bajo coste, porque la distancia entre el Pantone original y su aproximación en las tecnologías de impresión más económicas puede ser demasiado grande para mantener consistencia visual entre soportes.
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Flujo de trabajo de un estudio de diseño para gestionar el color de un proyecto
En un proyecto que combina digital e impresión, el orden de las decisiones importa tanto como las decisiones en sí mismas. Este es, a grandes rasgos, el flujo que seguimos en Brandoon para evitar sorpresas de color entre fases.
Todo empieza por definir, ya en el brief, los soportes finales del proyecto: si la marca va a vivir solo en digital, solo en impreso, o en ambos con tintas planas de por medio. Esa respuesta determina si el diseño arranca en RGB, en CMYK o directamente con una referencia Pantone sobre la mesa desde el primer boceto.
Durante el desarrollo del logotipo y la paleta, trabajamos en el modelo de mayor gama disponible para el proyecto, normalmente RGB, para no limitar las decisiones creativas por restricciones de impresión que todavía no tocan en esa fase. Los ajustes de gama se hacen después, de forma consciente, no como una conversión automática de última hora.
Antes de cerrar la fase de diseño, generamos ya las equivalencias completas de cada color de marca: Pantone, CMYK, RGB y hexadecimal, documentadas una a una. Es un paso que lleva poco tiempo en ese momento y que ahorra horas de idas y vueltas cuando, meses después, un proveedor de packaging o un taller de rotulación necesita esos valores exactos.
Por último, cualquier archivo que vaya a imprenta pasa por una revisión de perfil de color y de gama antes de enviarse, y siempre que la tirada lo justifica, se solicita una prueba de color física previa. Es el paso que más se salta en proyectos con prisa, y también el que evita el mayor número de reimpresiones.
Errores de preimpresión más comunes relacionados con el color
La mayoría de incidencias de color en producción gráfica se repiten proyecto tras proyecto. A estos errores de conversión se suma además un factor físico que muchos diseñadores desconocen: la ganancia de punto (dot gain), el fenómeno por el que la tinta se expande ligeramente al absorberse en el papel, haciendo que los tramados se vean más oscuros de lo previsto en pantalla.
Los perfiles ICC que hemos visto en el apartado anterior ya compensan este efecto, otra razón más para no prescindir de ellos. Estos son los errores que vemos con más frecuencia:
- Enviar un archivo en RGB directamente a imprenta. Muchas imprentas convierten el archivo automáticamente, pero sin control sobre el resultado: los colores pueden variar de forma notable respecto a lo que se veía en pantalla.
- No definir el perfil de color del documento antes de diseñar. Empezar un proyecto sin perfil ICC asignado obliga a corregir colores al final, cuando ya es más costoso y hay menos margen de maniobra.
- Confundir un Pantone con su conversión automática a CMYK. Presentar una propuesta en pantalla con el Pantone «puro» y luego imprimirla en cuatricromía sin avisar al cliente genera expectativas que el resultado final no cumple.
- No especificar Coated o Uncoated en un Pantone. El mismo código puede dar un resultado perceptiblemente distinto según el acabado del papel, y omitir esta especificación es un error frecuente incluso en estudios con experiencia.
- No hacer una prueba de color antes de una tirada grande. Una prueba física o un soft proof en pantalla calibrada permiten detectar desviaciones antes de comprometer todo el presupuesto de impresión en una tirada con errores.
- Usar el negro RGB (000000) directamente convertido a CMYK. El resultado suele ser un negro «roto», con dominante de color. El negro de impresión profesional (rich black) se compone con una mezcla específica de los cuatro canales, no con una conversión automática.
Gama de color (gamut): por qué algunos colores no se pueden imprimir
El gamut es el rango completo de colores que un dispositivo o proceso de producción es capaz de reproducir. Cada sistema —RGB, CMYK, Pantone— tiene un gamut distinto, y ninguno de los tres cubre exactamente el mismo rango que el ojo humano es capaz de percibir.
RGB, al basarse en luz emitida, tiene el gamut más amplio de los tres. CMYK, limitado por las propiedades físicas de la tinta y el papel, tiene un gamut más reducido, especialmente en la zona de verdes y azules muy saturados. Pantone, al usar tintas premezcladas específicas, puede en algunos casos alcanzar colores —sobre todo metálicos y fluorescentes— que ni RGB ni CMYK son capaces de reproducir con fidelidad.
Una forma habitual de visualizar esta diferencia es el diagrama de cromaticidad CIE, un gráfico en forma de herradura que representa todos los colores visibles por el ojo humano y sobre el que se superponen, como polígonos más pequeños, los gamuts de RGB, CMYK y de las guías Pantone. Cuanto más grande el polígono, más colores es capaz de reproducir ese sistema, y ver los tres superpuestos deja muy claro, de un vistazo, por qué la conversión entre sistemas casi nunca es perfecta.
Esta jerarquía de gamas es la razón técnica por la que un diseñador experimentado revisa siempre los colores críticos de un proyecto antes de darlo por cerrado: no basta con que un color se vea bien en el monitor, tiene que sobrevivir intacto al sistema de color del medio final donde va a aplicarse.
Un caso real: gestionar un mismo color de marca en pantalla, papel y textil
Uno de nuestros clientes, un restaurante de la Costa Daurada, necesitaba que el verde de su identidad se mantuviera coherente en tres soportes muy distintos: la web, la carta impresa y los uniformes del personal. Es el escenario perfecto para entender por qué un solo código de color nunca es suficiente.
Para la web definimos el verde en RGB y en su equivalente hexadecimal, el estándar de cualquier entorno digital. Para la carta, impresa en offset a todo color junto con fotografías de los platos, convertimos ese mismo verde a su equivalente CMYK más fiel, revisando manualmente que no perdiera saturación al pasar de pantalla a papel couché.
Para los uniformes, en cambio, ni RGB ni CMYK eran la opción correcta: la serigrafía textil se imprime con tintas planas, así que identificamos el Pantone más próximo al verde de marca y lo especificamos como color directo, en su variante textil. El resultado son tres códigos distintos —RGB, CMYK y Pantone— que a la vista de cualquier persona ajena al proyecto parecen «el mismo verde», que es exactamente el objetivo.
Este tipo de gestión, con un color definido y documentado en sus tres sistemas desde el inicio, es lo que evita que la identidad de una marca se perciba como distinta según el soporte donde el cliente la encuentre. Es un trabajo invisible para el usuario final, pero es la diferencia entre una marca que se percibe sólida y una que se percibe inconsistente sin que nadie sepa explicar muy bien por qué.
Cuando un proyecto no separa estos tres sistemas desde el principio, el error más habitual es descubrir la inconsistencia tarde: el día que llegan los uniformes con un verde ligeramente distinto al de la carta, y ya no queda margen de presupuesto para repetir la tirada. Documentar las tres equivalencias antes de encargar cualquier producción física es, con diferencia, la medida más barata de todo el proceso.
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Buenas prácticas para gestionar el color en un proyecto de principio a fin
Después de gestionar color en decenas de proyectos que combinan pantalla e impresión, hay una serie de prácticas que reducen a casi cero las sorpresas de última hora.
Definir desde el brief inicial en qué soportes va a vivir la marca —solo digital, solo impreso, o ambos— permite elegir el sistema de color de partida correcto en lugar de diseñar a ciegas y convertir después. Es una decisión que condiciona el resto del proyecto.
Cada color de marca debería quedar documentado con sus cuatro valores: código Pantone si aplica, equivalencia CMYK, valores RGB y código hexadecimal para web. Esta tabla de equivalencias es una de las piezas centrales de cualquier manual de marca bien construido, y evita que cada proveedor futuro tenga que «adivinar» el color exacto a partir de una captura de pantalla.
Por último, calibrar el monitor de trabajo y, siempre que sea posible, solicitar una prueba de color física antes de una tirada grande son dos hábitos que cuestan poco tiempo y evitan los errores más caros de corregir: los que ya están impresos en varios miles de unidades.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la diferencia entre CMYK y RGB?
RGB es un modelo aditivo de luz, usado en pantallas, que combina rojo, verde y azul para generar color. CMYK es un modelo sustractivo de tinta, usado en impresión, que combina cian, magenta, amarillo y negro sobre un soporte físico. RGB tiene una gama de color más amplia que CMYK, por lo que algunos tonos vivos en pantalla se ven más apagados al imprimirse.
¿Cuándo debo usar CMYK y cuándo RGB?
Usa RGB para cualquier diseño que solo vaya a verse en pantalla: webs, redes sociales, aplicaciones o presentaciones digitales. Usa CMYK para cualquier pieza que vaya a imprimirse a todo color, como folletos, catálogos o packaging. Diseñar directamente en el modelo correcto desde el inicio evita sorpresas de color al convertir el archivo.
¿Qué es un color Pantone y para qué sirve?
Un color Pantone es una tinta directa premezclada, identificada con un código numérico dentro del sistema Pantone Matching System (PMS). A diferencia del CMYK, no se genera superponiendo varias tintas sino aplicando una fórmula fija, lo que garantiza que el color sea idéntico en cualquier imprenta que trabaje con el sistema. Se usa sobre todo en identidad corporativa y tintas planas.
¿Cuántos colores Pantone existen?
El sistema Pantone Matching System cuenta con varios miles de colores catalogados, distribuidos en distintas guías —colores sólidos, metálicos, pasteles, fluorescentes, entre otras— y cada uno disponible en versión Coated y Uncoated según el tipo de papel. La cifra exacta varía con cada actualización de las guías, ya que Pantone añade nuevos tonos de forma periódica.
¿Cómo se convierte un color Pantone a CMYK?
La mayoría de software de diseño ofrece una tabla de conversión automática de cada Pantone a su equivalente más cercano en CMYK. Esta conversión es una aproximación útil para presupuestar y previsualizar, pero algunos Pantone, especialmente metálicos y fluorescentes, pierden fidelidad de forma notable al pasar a cuatricromía, por lo que conviene revisar el resultado antes de aprobar el archivo final.
¿Por qué mis colores se ven diferentes al imprimirlos?
Porque la pantalla trabaja en RGB, un modelo de luz con una gama de color más amplia, y la impresión trabaja en CMYK o Pantone, sistemas más limitados por las propiedades físicas de la tinta y el papel. Al convertir el archivo, los colores fuera de la gama imprimible se sustituyen por el tono más próximo disponible, lo que suele percibirse como una pérdida de saturación o brillo.
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